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IMPRESIONES DEL FRENTE DE BATALLA


Por: José Fernández Sacasa

 

Un grupo de compañeros de la Escuela de Medicina, milicianos de la Patria partimos, al producirse la invasión mercenaria, con el batallón 115, hacia el frente. Todo fue una sucesión cinematográfica de cuadros vivísimos. Salimos por carretera al anochecer del lunes. Marchábamos llenos de patriotismo, sin sombra de temor con la satisfacción íntima de cumplir con el deber, que aleja cualquier sentimiento individualista. Estas no son meras frases. Es la moral real y palpable de los hombres de la Revolución.

En el trayecto hacia la Ciénaga vimos pasar los tanques y las “conacas” – artillería gruesa-. Cada vez que una fortaleza andante- cruzaba a nuestro lado, irrumpíamos en caluroso júbilo. Cuando los hombres que van a enfrentarse con la destrucción y la muerte se saludan una pujante corriente de comunidad y fraternidad los arrastra. Todos saludábamos con el puño en alto, cerrado vigorosamente.
Nos sentíamos estrechamente ligados, hermanados por la vida y la ideología que estábamos dispuestos a defender a toda costa.

A las cinco de la mañana llegamos a Jaguey Grande. Jamás olvidaremos ese momento. El pueblo en las calles nos recibían con los saludos mencionados. Estuvimos algunas horas entre ellos. En los hogares prendieron los fogones, y al poco rato salían aquellas mujeres, lo mismo jóvenes que ancianas, con agua y café para cerca de un millar de hombres. Esa dedicación, ese cuidado y ese amor del pueblo, es lo que hacía y lo que hace invencibles a las milicias y el ejercito, que son en definitiva ese pueblo uniformado.
Nosotros pudimos conocer, por casualidad que nos ha dejado un grato recuerdo a la madre de Escardó, el joven poeta revolucionario muerto el año pasado en un triste accidente y cuyo nombre a servido de divisa al encuentro nacional de poetas, artistas y escritores, organizado por nuestro gran Nicolás Guillén. Ella, con ternura materna, nos atendió y alentó. Quiso regalarnos un libro de poesías por el que nos interesamos. Poesías Épicas de Maiakovsky ( el gran poeta ploretario de la revolución de Octubre). Este libro que había pertenecido a su amado hijo, era un pedazo de sí propio que nos ofrecía. Nos guardó para cuando regresáramos. Algún día pasaremos a recogerlo.

Seguimos camino. Una experiencia tremenda sufrimos antes de llegar a Yaguaramas. ¡ Avión! Grita uno de nosotros. ¡ Negativo compañero. No deben alarmar! Son tiñosas. ¡Que son aviones! No. ¡Son tiñosas!... Y de pronto aquellas “tiñosas” se nos acercan a una velocidad fantasmagórica. De la caravana de camiones de ( más de 20) saltamos todos en milisegundos para protegernos en la cuneta. La tiñosa de marras resultó ser un F- 100, yanqui, que nos embistió precisamente sobre el carro del cuerpo médico. A unos quince o veinte metros sobre nuestras cabezas, pasó aquella mole plateada y ensordecedora. Antes de organizar el ataque, dos aviones a chorro nuestros, perseguían al enemigo. Sinceramente allí se nos cayó la adrenalina.

Llegamos a Sán Blás en medio de un fuego cerrado. Oímos cantar todas las armas. La artillería gruesa cada vez que disparaba nos hacía brincar. No pudimos acostumbrarnos. Incluso de noche, cuando el sonido era precedido por el resplandor, no podíamos evitar la inhibición. El chiste consistía en que a los mercenarios no los iba solo a asustar precisamente. Después llegamos a Cayo Ramona, para peinar la zona. Fidel dirigía las operaciones, estaba frente de las masas combatientes. Pudimos verle y oírle. Impartía órdenes para organizar el cerco y acabar de fragmentar a las fuerzas invasoras. Allí vimos de cerca de esta especie animal: el traidor mercenario. Se entregaban por docenas cada día. Y se comían hasta las raciones de algunos compañeros. La mayoría eran burguecitos, “niños vitongos” jugando a la guerra, tal y como en una película de Hollywood. Era un ejército burgués. Cada “ guerrero” traía, además de su indumentaria “yanquimétrica” (los guajiros de la zona los describían diciendo “andan disfrazaos de maja) una pistola 45 nuevecita ( el gancho para prenderlos), un radio portátil de onda corta y larga y una mochila que contenía desde una cama portátil. Y por eso, junto a lo irracional de su causa inmoral, llevaban dentro de sí el propio fracaso. No aguantaron tres días. Perdieron Playa Girón. Antes de regresar, estuvimos alli casi en plan de veraneantes. La playa posee gran belleza. Se han construido numerosas viviendas y cabañas .
En corto plazo se ha urbanizado un lugar antes deshabitado. Grandes carreteras recién construidas conducen a la playa. Armas de todo tipo y en cantidad desorbitada dejaron en Girón. El solo contarlas habrá llevado días. Con algunas de ellas le arrancaron la vida a hombres del pueblo, cegaron la existencia luminosa de muchos jóvenes milicianos.

El colofón de nuestra aventura de guerra, amén de no tener ninguna baja en nuestro batallón, sólo dos heridos, lo vivimos en nuestra escuela, al participar en la limpia de los gusanos. ¡ Aquí decapitamos a sus hermanos de especie!

“ 16 DE ABRIL” anuncia, para el próximo número la publicación de un interesante trabajo del Dr. Roberto Guerra, miembro de la Comisión Superior de Reforma Tri- Universitaria: “ La Escuela de Medicina en la Revolución Socialista” De esa forma nuestro órgano será también el órgano de la fraternidad y colaboración profesoral- estudiantil, una de las columnas sobre la que se levanta el sólido edificio de la Reforma Universitaria.

 

 

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