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La Patrona de la Estomatología ¿Un Mito o una Realidad?

Por: Mónica Dotres López

Quizás muchos de nosotros hemos escuchado hablar de Santa Apolonia cuando nuestros abuelos comentan de un terrible dolor de muelas que alguna vez padecieron o simplemente cuando hacen alusión a sus prótesis, o tal vez al leernos uno de esos libros que tratan de la historia de la Estomatología y vemos la estampilla o imagen de una bella virgen que sostiene un fórceps en la mano derecha y el ramo del triunfo en la izquierda. Es entonces cuando nos preguntamos quién es esta mujer que la historia ha denominado la Patrona de la Profesión y de las enfermedades dentales y si es un mito o una realidad.
Se ha señalado en la literatura que la especialidad odontológica estuvo siempre muy bien representada pues llegó a contar con 19 santos curadores, de los que se destacó con preferencia Santa Apolonia, quien ha trascendido hasta nuestros días, siendo las versiones sobre su historia muy variadas y a veces contradictorias, así como también lo ha sido la representación de sus grabados.(1)
Según la tradición, los padres de Apolonia no tenían descendencia a pesar de sus constantes oraciones a sus dioses. Finalmente la futura madre le pidió a la Virgen Santísima que intercediera por ellos. Cuando la joven Apolonia conoció las circunstancias de su nacimiento, se hizo cristiana.(2)
Era entonces cuando los cristianos en los inicios del Imperio Romano gozaron de ciertos privilegios pero luego del reinado de Nerón, fueron sometidos a gran cantidad de torturas, desagravios y persecuciones producto de su fe religiosa, por lo que comenzaron a huir de sus casas dejando abandonadas sus pertenencias a la suerte.(1;3)
Se cuenta que cuando transcurría el año 249 D.C., el gobernador de Alejandría influenciado por un consejero que se hacía llamar Divino, ordenó injustas represalias contra los cristianos y su religión ya que, según este, los cristianos atentaban contra el Imperio y su monarca. Fue entonces cuando durante las festividades conmemorativas de alguno de los innumerables dioses que veneraban, azuzó a las turbas paganas haciendo que la agitación del populacho irreligioso subiera a una gran altura, lo cual terminó provocando muerte y destrucción a los cristianos que allí vivían, no sin antes cometer ultrajes sangrientos contra ellos.
Durante las pesquisas que sucedieron a los disturbios, Apolonia fue arrestada y conminada a que renunciara a su creencia cristiana y profesara el paganismo, o de lo contrario sería quemada viva en la hoguera. Como ella no quiso abjurar de su fe cristiana, la sometieron a horribles torturas para que repitiera después de ellos palabras impías que consistían en una serie de improperios y blasfemias en contra de Cristo. Al negarse ella a tal cosa, sus verdugos y la turba se enojaron y un despiadado perseguidor cristiano le lanzó un poderoso golpe a la cara haciéndole perder algunos dientes.
Ante esta situación, los Padres de la Iglesia mantenían comunicación entre ellos mediante cartas. Es en una de tales cartas que se conoce de una mujer llamada Apolonia, hermana de un eminente magistrado de Alejandría, aunque otros plantean que era la hija, virgen de avanzada edad que siempre se caracterizó por las virtudes de castidad, piedad, caridad, austeridad y limpieza de corazón. Contrariamente a lo que la leyenda y las representaciones iconográficas describen, Apolonia no era una bella joven de rostro angelical, provista de una hermosa cabellera, sino una mujer de edad avanzada que fue arrestada y conminada a que renunciara a su creencia cristiana y profesara el paganismo, o de lo contrario sería quemada viva en la hoguera. Como ella no quiso abjurar de su fe cristiana, la sometieron a horribles torturas para que repitiera después de ellos palabras impías que consistían en una serie de improperios y blasfemias en contra de Cristo. Al negarse ella a tal cosa, sus verdugos y la turba se enojaron. La carta que por primera vez menciona a Apolonia fue enviada por San Dionisio, Obispo de Alejandría, a Fabio, Obispo de Antioquía, en la cual explicaba la terribles persecuciones que tuvieron lugar en su ciudad, dentro de las cuales destaca el martirio sufrido por Apolonia.(3)
Dice Dionisio:
…”entonces el populacho agarró a esta maravillosa virgen anciana, Apolonia, rompieron sus dientes y amenazaron con quemarla viva haciendo una pira; ella, reconociendo que su muerte estaba cerca, suplicó que la desataran para ponerse de rodillas y hacer sus oraciones; cuando esto fue hecho, ella saltó a la hoguera, demostrando que moría por su propia libertad, una mártir de su propia fe.”…(1)
Luego, durante el martirio al que fue sometida esta virgen anciana, le fueron arrancados los dientes restantes uno por uno, tormento que Apolonia resistió con gran entereza. Ella, con la cara sangrienta, no escuchó ni obedeció a sus torturadores y éstos, en vista de que no conseguían conmover su fe, decidieron amenazarla con una enorme hoguera a las puertas de la ciudad, advirtiéndole que si no rechazaba a Cristo, sería quemada atada a un palo. Exhausta, Apolonia les hizo suponer que iba a obrar conforme se le proponía y pidió que le desataran las manos, luego de lo cual elevó sus últimas plegarias al cielo, y ofreció su sacrificio a Dios con las siguientes palabras:
"Que aquellos que hagan memoria con devoción de la intensidad del dolor que sufro ahora, no sientan más los dolores de dientes".
La tradición indica que acto seguido de haber pronunciado estas palabras apareció un deslumbrante ángel del Señor que dijo a la Santa: “Apolonia, hermana mía, tu ruego será atendido”.
Ante la negativa de Apolonia a abjurar de su fe tras pronunciar estas palabras, la pira fue encendida, y en menos de lo esperado ella salta por voluntad propia a la hoguera ardiente para evitar renunciar a su religión. Según la leyenda, mientras se consumía en el fuego gritó de nuevo que los que padecieran de dolor de dientes invocaran su nombre, pues ella intercedería ante el Todopoderoso para aliviar sus penas y librarlos del sufrimiento. De esta manera ofrecía su dolor propio por el de quién pudiese sufrirlo después.
Los perseguidores y el gobernador quedaron atónitos al ver, que a pesar del fuego, las llamas no la consumían ni le hacían daño alguno. Ante este prodigio trataron incansablemente de golpearla para que muriera, teniendo finalmente que degollarla para lograr darle muerte.
En otra referencia sobre Santa Apolonia se cuenta que en el año 248 hubo un hecho en Alejandría: la gran persecución contra los cristianos, cuando era Emperador Felipo, el Árabe, y ocurrió que durante los disturbios, los paganos encontraron entre los creyentes que no habían huido, una mujer anciana, virtuosa, llamada Apolonia o Polonia, que fue golpeada. Según se refiere, “le fueron quebrados los dientes con una piedra y con la misma le abollaron el rostro”. Indignados por la serenidad de la anciana ante estas torturas, fue amenazada con ser quemada viva, pero ella misma se arrojó entonces al fuego.
En la Revista Estomatológica de Cuba se señala que el día 9 de febrero del 249, bajo el imperio de Decio, fue martirizada Santa Apolonia, virgen de Alejandría. El martirio consistió en arrancarle a golpes todos sus dientes, fracturándole de igual modo los maxilares.
Álvarez Valls señala: “ Santa Apolonia ( hermana de Santa Lucía) se tomó como patrona contra los males de la boca; existen numerosas versiones de grabados de este tipo. Parece que el Papa Juan XXI siglo XIII) fue el que la mencionó por primera vez. En todos los grabados se presenta con un fórceps en la mano (frecuentemente con un diente agarrado en sus muelas) posiblemente por haber sido este el instrumento de tortura con que fue martirizada. A menudo estos instrumentos son representados en diferentes formas. En la otra mano sostiene el ramo de la victoria. (1)

 

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