Debes activar JavaScripts para ver de forma adecuada esta web.

Página de inicio
 POR LAS HUELLAS DE LAS CIENCIAS

                                A cargo de Magali González Camacho

Por la importancia que tiene la investigación en los estudiantes, así como por  la connotación histórica del tema presentado en este Concurso, que fuera convocado para los estudiantes latinoamericanos que realizan sus estudios en nuestra patria, dedicamos este espacio para dar a conocer los trabajos premiados y una breve reseña de los ganadores.  

El Museo Nacional de Historia de las Ciencias

 “Carlos J. Finlay”

y

La Dirección de Extensión Universitaria de la

Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas

CONCURSO ESTUDIANTIL

"Grandes Médicos de América"

TRABAJOS PREMIADOS

. en homenaje al 3 de diciembre:

Aniversario 171 del Natalicio del Dr. Carlos J. Finlay

"Día de la Medicina Latinoamericana"

PRIMER LUGAR

TRABAJO DE HISTORIA Y MEDICINA I.

2004

ESCUELA LATINOAMERICANA DE CIENCIAS MÉDICAS

CIUDAD DE LA HABANA

TITULO: Aporte médico de Daniel Alcides Carrión al conocimiento

clínico de la fiebre de la oroya y verruga peruana

      Autor: Arturo Rodríguez Hidalgo

      Año: 1ro.

      Semestre Académico: 1ro.

      Grupo No. 10

      Profesor: Daniel Fernández Díaz


INTRODUCCIÓN

Uno de los objetivos fundamentales de la historia de la medicina y quizás el más grato a los que nos dedicamos a ella, es el  estudio del enfrentamiento del hombre a las enfermedades, para su conocimiento y dominio, a través de los tiempos.

            Entre las enfermedades autóctonas de América que más atractivos ofrece, ninguna como la conocida con los nombres de sus dos grandes formas clínicas, fiebre de la Oroya y Verruga peruana, pues ella se originó, se ha mantenido en tierras de nuestro continente y ha dado oportunidad a ser estudiada con originalidad y brillantez tal por los médicos suramericanos, que la entidad del agente etiológico lleva el nombre de esta figura tan ilustre: Daniel Alcides Carrión.

            El presente breve estudio lo dedicamos a destacar el aporte al conocimiento clínico de la enfermedad llevado a cabo de una manera conmovedoramente dramática por el estudiante de medicina peruano Daniel Alcides Carrión, quien se inmoló para ello voluntariamente a la edad de 28 años, al pedir y ser inoculado con la sangre de un botón verrucoso, para dar al mundo la más completa descripción de su sintomatología, arrancada a los sufrimientos que le provocaba la forma grave de la enfermedad que lo llevó a la muerte.

Biografía  y aporte médico de Daniel Alcides Carrión al conocimiento clínico de la fiebre de la Oroya y Verruga Peruana.

Hijo natural del médico y abogado ecuatoriano doctor Baltasar Carrión de Torres y de doña Dolores García, Daniel Alcides Carrión García, nació en la Ciudad de Cerro de Pasco, provincia de Tarma, departamento de Jurín, Perú, el 12 de agosto de 1857.  Comenzó sus estudios primarios en la escuela municipal de Cerro de Pasco, pero la muerte accidental y trágica de su padre, al escapársele a éste un disparo de su propio revólver al montar en un brioso caballo, lo dejó huérfano a la edad de 8 años y lo hizo continuar sus estudios en la ciudad de Tarma al cuidado de un familiar de su madre.  

            A los 14 años de edad se trasladó a la ciudad de Lima e ingresó al Colegio Nacional “Nuestra Señora de Guadalupe”, donde cursó de 1873 a 1878 la enseñanza secundaria y media con excelente aprovechamiento.

            Una vez alcanzado el título de bachiller, matriculó en 1878, en la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima, para cursar los estudios médicos, los que realizara con notable éxito, pero no sin grandes sacrificios económicos, a los que se unirían a partir del siguiente año, las dificultades producidas por la Guerra del Pacífico, entre Chile y Perú, que duró hasta 1883.

            En parte de ella, actuará Carrión en el ejército de su país como practicante de medicina, desempeñándose con abnegación y patriotismo, sobre todo antes y durante la invasión de los chilenos a la ciudad de Lima, donde participó en la batalla de Miraflores, caracterizada por la desesperada resistencia de los peruanos a las fuerzas chilenas y en la cual Carrión tuvo que poner a prueba su experiencia ganada en los hospitales “Dos de Mayo”, “San Bartolomé”, la “Maisón de Santé” (Hospital Francés) y en “Lazareto”, pues se vio en la necesidad de asistir a centenares de heridos.

            Terminada la guerra, triste y agotado, reanuda sus estudios en la Universidad San Marcos de Lima, y sus prácticas en el Hospital “Dos de Mayo”, institución en la que tiene la oportunidad de estudiar a numerosos enfermos, febricitantes y anémicos, con las clásicas verrugas peruanas en diferentes períodos evaluativos, en su mayoría procedentes del Valle de la Oroya, los que le reafirman en su interés por esta enfermedad endémica de su país, la cual estudiaba desde casi dos años antes y decide escribir sobre la misma, como tema para su trabajo de tesis para optar por el grado de bachiller en medicina.

            Con el título de “Apuntes sobre la verruga peruana” redactó Carrión una minuciosa monografía que comprende los siguientes acápites: Sino ni una, definición, etiología; síntomas, primer período, segundo período; invasión; dolores; pulso; orina; tercer período; erupción; cuarto período; diagnóstico y tratamiento.  Incluye además, como casuística, nueve historias clínicas.

            En este estudio Carrión demuestra que conocía en detalles la evolución de la entidad en sus cuatro períodos y establecía como unidad nosológica las dos fases de la enfermedad: la febril, con toda su sintomatología, y la eruptiva o de verruga.  Valoró certeramente sus complicaciones, especialmente la anemia grave, y llama la atención su opinión concerniente al pronóstico.

            Y puesto que admitía en la enfermedad sus dos formas clínicas, de fiebre de la Oroya y de verruga, se dispuso demostrar su hipótesis, que era también la de muchos médicos peruanos, en su propia persona con la auto inoculación de la enfermedad.

            Con este fin, cuenta el doctor Leonardo Villar, jefe de clínica, que en varias ocasiones Carrión trató de que le realizaran la inoculación en su servicio del Hospital “Dos de Mayo”, aunque siempre habían podido hacerlo desistir de su desempeño, pero, el 27 de agosto de 1885, a las 10 de la mañana, se presentó en la sala Nuestra Señora de la Mercedes, perteneciente al servicio del doctor Villar y trató de hacerse la auto inoculación alegando que “suceda lo que sucediere, no importa, quiero inocularme”.

            El doctor Evaristo M. Chávez, para evitar que Carrión se hiciera un daño involuntario tomó de las manos del estudiante la lanceta y le prácticó cuatro inoculaciones, dos en cada brazo, en el sitio común de la vacunación.

            Dichas inoculaciones se hicieron con la sangre inmediatamente extraída por rasgadura de un tumor  verrucoso de color rojo, situado en la región superciliar derecha del paciente Carmen Paredes, ingresado en la cama No. 5.  Según el doctor Villar este paciente “debía próximamente de irse de alta a la calle (…), que era joven, de 14 años de edad aproximadamente, de buena constitución, exento de toda diátesis y que su verruga era directa, de la que sólo tenía dos en estado de atrofia, una en el carrillo externo y otra en la extremidad externa del  arco superciliar  derecho”.  Cuando ocurrió la inoculación estaban presentes el doctor Villar y los alumnos de su servicio, interno Julián Arce y externo José Sebastián Rodríguez.

            Desde aquel mismo momento Carrión fue escribiendo una minuciosa historia clínica de su enfermedad.  El propio 27 de agosto, después de la inoculación, escribiría, “a los 20 minutos comenzaron a manifestarse algunos  síntomas locales, tales como una comezón bastante notable, seguida después de dolores pasajeros que desaparecieron a las 2 horas siguientes.  No ha habido síntomas de inflamación, todo ha desaparecido sin dejar vestigio alguno”.   

            Carrión continuó haciendo su vida normal hasta tres semanas más tarde, en que pasado el período de incubación –con su experiencia quedaba determinado--, comenzaron a parecer los primeros síntomas.  Sobre ello anotó: “Hasta el 17 de septiembre en la mañana, no he tenido absolutamente nada; en la tarde de ese día he tenido un ligero malestar y dolor de la articulación tibiotarsiana izquierda, que me molestaba la marcha.  Durante la noche he dormido perfectamente bien”.

            Dos días después, el 19 de septiembre, se manifestaba el período de estado de la enfermedad con todos sus síntomas: calambres fuertes, fiebre con escalofríos, decaimiento, postración, dolores generalizados en la totalidad del cuerpo, que él va describiendo con brevedad y rigor científico, así como las características del pulso, las deposiciones y la orina.

            Permanece en su domicilio, la casa de su madrina, sin permitir que nadie lo acompañe de noche.  El 22 de septiembre le aparece un tinte ictérico y  petequias en la cara, poliuria, hematuria, cefalea intensa, signos y síntomas que van en aumento, con palidez considerable de la piel y la mucosa.  La anemia hemolítica hacía su aparición para agravar su cuadro clínico.

            El 26 de septiembre su estado de postración es tal que escribe, “A partir de hoy me observarán mis compañeros pues por mi parte confieso me sería muy difícil hacerlo”.  Desde entonces continúan la historia clínica sus fieles condiscípulos: Casimiro Medina, Enrique Mestanza, Julián Arce, Mariano Accedan, Manuel Montero Y Ricardo Miranda.

            Desde la cama dicta sus síntomas y sigue el curso de la enfermedad.  El 28 escriben sus compañeros: “Admirable es en verdad la marcha tan rápida que en él ha seguido la anemia, que a partir de este día domina por completo el cuadro sintomático.  “Desde la noche del 30, no obstante la protesta del enfermo, lo velan sus amigos.  Cuando se siente mejor habla de su familia y comenta, “Sí, lo que tengo es fiebre de la Oroya, aquella fiebre de que murió Orihuela, mejor es no pensar en esto, fumemos un cigarro”.

            El 2 de octubre, dándose cuenta de su gravedad y valorando certeramente su cuadro clínico, le dijo a sus compañeros, “Hasta hoy había creído que me encontraba tan sólo en la invasión de la verruga, como consecuencia de mi inoculación, es decir, en aquel período anemizante que procede la erupción, pero ahora me encuentro firmemente persuadido de que estoy atacado de la fiebre de que murió nuestro amigo Orihuela; he aquí la prueba palpable de que la fiebre de la Oroya y la Verruga, reconocen lo mismo o el mismo origen, como una vez le oí decir al doctor Alaco.  “Y a los amigos que trataban de convencerlo que estaba en un error, les recalcó: Les doy a ustedes las gracias por su deseo, y siento decirles no conseguirán convencerme de que la enfermedad que hoy me acosa no sea la fiebre de la Oroya".

            El 4 de octubre, con su aprobación, es trasladado a la Maison de Santé (Hospital Francés) y todavía en su domicilio le dice al señor Izaguirre, alumno de primer año de medicina que está a su lado: “Aún no he muerto,  amigo  mío, ahora les toca a ustedes terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado”.

            Unos momentos después de su ingreso una junta médica formada por los doctores Villar, Romero, Flores y Chávez discutió el estado de su enfermedad y no obstante la opción de la mayoría a favor de la transfusión sanguínea, para lo cual todo se hallaba preparado –un transfusor  de Orí, que el doctor Villar había llevado-  y uno de sus compañeros, decidido a donar sangre necesaria, la indicación se propuso para el próximo día, quedando el enfermo sometido al tratamiento siguiente: inyecciones intravenosas de ácido férrico y 20 horas; se continuaron las inhalaciones de oxígeno y las pulverizaciones de ácido férrico, como líquido, agua gaseosa y como alimentación caldo y polvos de carne.

            Estas serían las últimas indicaciones que se le prescribieron a Carrión, pues el día siguiente, 5 de octubre, entraba en coma, interrumpido en algunos momentos quejidos entremezclados con palabras incomprensibles.  Sus compañeros terminarían ese mismo día su historia clínica con estas sentidas y hermosas palabras: “A las 11 y media de la noche lanzó su último suspiro breve y profundo, que fue para los que le rodeaban la señal de que este mártir al abandonar la vida iba a ocupar en lo infinito el sitio que el Todopoderoso tiene reservado para los que como él ejercen la mayor de las virtudes, la caridad”.

            El doctor Luis A. León connotado tropicalista e historiador médico ecuatoriano, conocedor profundo de la enfermedad de Carrión, ha señalado los siguientes factores que su juicio determinaron la muerte de estudiante peruano.

1.A que el organismo de él debía haber estado débil por los trabajos forzados a que había sido objeto meses antes, con motivo de la invasión de las tropas chilenas a la ciudad de Lima y las correspondientes privaciones alimenticias.

2.A  que las cuatro inoculaciones practicadas en sus brazos con sangre extraída de la verruga del paciente Carmen Paredes,  equivalían a centenares de picaduras, con condiciones normales, por  mosquitos flebótomos infectados, lo cual acortó el período de invasión y agravó la virulencia del proceso infeccioso.

3.A que las defensas inmunológicas de Carrión eran  escasas o nulas, factor muy importante que se observa en las zonas endémicas de la enfermedad.

4.A que los brotes epidémicos han sido causantes de una alta mortalidad, como se registró en la Bahía de Coaque Manabí, en el Valle de la Oroya y en el Valle del Guaitara, en Colombia.

5.A la falta de atención oportuna y la carencia de entonces de una medicación específica.  La administración prolongada e ineficaz de sulfato  de quinina, así como también las inyecciones de ácido férrico, debían haber agravado la enfermedad del paciente.”

Un año después de la desaparición física de Carrión, sus compañeros, los que continuaron las anotaciones, publicaban en Lima (1886), en un pequeño volumen, sus apuntes sobre la verruga peruana y la historia clínica  de su enfermedad llevada por él.  Este libro, que constituye hoy un documento clásico de la historia de la medicina mundial, desconocido para la inmensa mayoría de los médicos de América, debía ser en ediciones actuales, lectura obligatoria de todos los estudiantes de medicina latinoamericanos.


Reconocimiento de su aporte médico

A partir del momento de su muerte Daniel Alcides Carrión fue reconocido como mártir de las Ciencias Médicas Peruanas y la prensa nacional hizo eco a la trascendencia de su sacrificio, fomentando el conocimiento de una de las enfermedades de más alta mortalidad en el país.

            Su entierro fue un acontecimiento de dolor popular sobre todo del estudiantado médico peruano.  En el cementerio levantaban sus voces conmovidos dos profesores de la facultad de medicina de la U.N.M.S.M; los doctores Macedo y Almenara; asimismo, se dejaron escuchar las palabras entrecortadas   del  estudiante Manuel I. Galdo.

            El nombre de Carrión ha pasado a ser no sólo un símbolo de la nación peruana, sino también de la medicina latinoamericana y de la infectología mundial, citado en todos los grandes libros de texto de microbiología, medicina tropical, medicina interna e historia de la medicina.

            Demostró mediante su inoculación, que la fiebre de la Oroya y la verruga peruana reconocen el mismo origen al igual que describió de forma detallada la evolución de la enfermedad y  la sintomatología de la misma, que para la época eran simples decires sin base científica.

            Hoy en día, los peruanos nos sentimos más que orgullosos de aquel tan insigne mártir de la medicina, tanto por su valioso aporte como por su dedicación y entrega.  En el país se han levantado obras en su nombre al igual que hospitales y colegios en todo el país.  Todos los meses de octubre se conmemora la muerte de tan querido personaje.


Bibliografía

www.librosgratis.org.

www.monografías.com

www.google.com.pe.

Serie historia de la medicina latinoamericana, No.1 Perú 1996.

Toribio Anyarin, historia de la medicina peruana.  Editorial Toribio Anyarin. S.A Lima 1999.

López Sánchez Manuel J.,  Daniel Alcides Carrión.  Mártir de la medicina peruana. Imp. Modelo. S.A. La Habana, 1957.


SEGUNDO PREMIO

CRÓNICAS DE UN CORAZÓN ROTO

BIOGRAFÍA DE RENE FAVALORO

(1923-2000)

AUTORES:

Parodi, Omar Gabriel                                                  Alvarez, Oscar Javier

Alumnos Argentinos de la Escuela Latinoamericana de Medicina

1er año Grupos 33 y 34

CURSO ACADÉMICO: 2004-2005

"La recompensa de los grandes hombres es que, mucho tiempo después de su muerte, no se tiene la entera seguridad de que hayan muerto".

                                                                                             Jules Renard

INTRODUCCIÓN

A través de este trabajo vamos a presentar a una persona cuya aportación a la medicina fue realmente grandiosa.   Aportes que se aplican en la actualidad y que probablemente sean utilizados durante muchos años.

            Un gran médico y un gran ser humano.  No existen muchas personas que habiendo dado aportes tan grandes a la ciencia y al bienestar humano, hayan sufrido como él la impotencia de no poder seguir ayudando a los demás por no contar con la ayuda de ninguna persona que pudiera haber cambiado esta historia.

            René Favarolo según dicen, tenía tres amores: la vida, la medicina y la patria.  Es lamentable que un individuo que ayudó a salvar miles de vidas, manipulando con la precisión de un orfebre el inexplicable motor de nuestra existencia, supo con un certero balazo acabar con su vida para no dejar dudas de su salida de este mundo, el cual para él, había perdido todo significado.

            Es lamentable que si dejó algún mensaje, fue de advertencia para hacer llegar a los demás cuando las palabras no le alcanzaron y las puertas no se le abrieron, el grito desesperado final, que pretendió atravesar aquellos oídos y conciencias indiferentes por la mezquindad y la apatía.

            El “maestro” (como se hizo llamar), estuvo empeñado en dar su aporte para tratar de construir un sistema de salud que llegara en forma igualitaria, a los que no tenían recursos y lo realizó de manera tozuda sin encontrar respuestas en un reino (como en muchas partes) donde el sentido no tiene sentido, queriendo señalar un norte donde no existen brújulas que lo marquen.

            Abandonó una promisoria carrera como médico en los Estados Unidos para regresar a su patria y crear algo propio, ladrillo a ladrillo para enseñar y estimular con humildad y generosidad a la sociedad que finalmente lo hizo sucumbir.  De acuerdo a las noticias se habla de que tenía serios apuros económicos con su fundación, pero se considera que no era hombre capaz de ser derrotado por este tipo de apremio.  Su angustia era otra: la sordera y la indiferencia, el desprecio de los poderosos, que consideraban que no era necesario apoyar causas como la suya, sino el disfrute de sus cuantiosas fortunas en algún restaurante caro y de moda o algún casino de prestigio donde el dinero se gana y se pierde de forma acelerada.

            El Dr. Favarolo, fue el médico creador del Bypass (puente) aorto coronario.  Técnica que le dio fama mundial.

            En forma anecdótica se cuenta que teniendo en las manos unas radiografías que mostraban una coronariografía, tuvo la idea audaz que decidió concretar con la convicción de los resultados: decidió aplicar un bypass en el corazón, situación que solo se aplicaba en las piernas.  Este experimento arrojó los resultados esperados y contra el escepticismo de sus colegas, el cirujano insistió y logró su primera operación exitosa. Según él mismo relata:

"Aquel día me sentí como si fuera un plomero que entra a una casa donde los caños están tapados.  Puse caños nuevos y, de pronto, torrente de linda sangre oxigenada fluyó al corazón".

            De repente, la noticia triste que como un rayo apareció ante la opinión pública mundial, para sorpresa y asombro ante lo inesperado; el maestro tuvo que escapar, por la incomprensión de sus conciudadanos, de un país al cual le había dado renombre universal.

            Finalmente a los 77 años descansa el médico, el que en 1992, el New Cork Times lo consideró: “héroe mundial que cambió parte de la medicina moderna y revolucionó la medicina cardíaca”, el que había realizado más de 13 000 bypass, y cuyo nombre aparece junto a los mejores cardiocirujanos del mundo, él a quien hace dos años la América Herat Association le rindió un homenaje durante su Congreso anual, quien con su estilo apasionado y franco habló de la crisis de valores que afecta a la profesión médica, algo que fue aplaudido de pie, por todos los asistentes al cónclave, mereciendo los mejores comentarios.

            Es indudable que la cardiología mundial está de luto dada la pérdida irreparable de uno de sus pioneros en materia quirúrgica, quien logró desarrollar una carrera brillante, llena de lauros, distinguido por universidades de todo el mundo, pero a su vez incomprendido por una sociedad donde la política y la mediocridad se dan la mano siendo responsables de acabar con una vida llena de excelencia médica.

RENE FAVAROLO (1923-2000)

René Jerónimo Favarolo nació el 14 de julio de 1923, en una casa humilde del barrio “El Mondongo” de La Plata, Buenos Aires, Argentina.  A tan sólo una cuadra se levantaba el Hospital Policlínico como presagio de un destino que no se hizo esperar.

            Con apenas cuatro años de edad, Favarolo comenzó a manifestar su deseo de ser  “doctor”.  Quizás la razón se debía a que de una vez en cuando pasaba unos días en la casa de su tío médico, con quién tuvo oportunidad de conocer de cerca el trabajo en el consultorio y en las visitas domiciliarias o quizás se debía a que simplemente tenía una vocación de servicio, propio de la profesión médica.

            Pero la esencia de su espíritu iba más allá de su vocación y era mucho más profunda: calaba en los valores que le fueron inculcado en su casa y en las instituciones donde estudió.  Cursó la primaria en una modesta escuela de su barrio, donde, con pocos recursos, se fomentaba el aprendizaje a través de la participación, el deber y la disciplina.

            Las tardes las pasaba en el taller de carpintería de su padre ebanista, quien le enseñó los secretos del oficio.  En los veranos se transformaba en un obrero más, su madre era una habilidosa modista, de ellos aprendió a valorar el trabajo y el esfuerzo.

            Su abuela materna le transmitió su amor por la tierra y la emoción al ver cuando las semillas comenzaban a dar frutos.  A ella le dedicaría su tesis de doctorado: “A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”.

            Al finalizar la escuela secundaria ingresó en la Facultad e Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de la Plata.  En el tercer año comenzó a concurrir al Hospital Policlínico y con ellas se acrecentó su vocación al tomar contacto por primera vez con los pacientes.  Nunca se limitaba a cumplir con lo requerido por el programa, ya que, por las tardes, volvía para ver la evolución de los pacientes y conversar con ellos.

            Mientras cursaba las materias correspondientes a su año se entremezclaba con los alumnos de sexto año de las cátedras de Rodolfo Rossi o Egidio Mazzei, ambos titulares de Clínica Médica.  También se escapaba a presenciar las operaciones de los profesores José María Mainetti, de quien captó su espíritu renovador y Federico E.B. Christmann, de quien aprendió la simplificación y estandarización que aplicaría después a la cirugía cardiovascular, quizás la mayor contribución de Favaloro a las operaciones sobre el corazón y los grandes vasos.  Sería Christmann quien diría, no sin razón, que para ser un buen cirujano había que ser un buen carpintero.

            El hecho fundamental de su preparación profesional fue el practicantado (actual residencia) en el Hospital Policlínico, centro médico de una amplia zona de influencia.  Allí se recibían los casos complicados de casi toda la provincia de Buenos Aires.  En los dos años en que prácticamente vivió en el hospital, Favaloro obtuvo un panorama general de todas las patologías y los tratamientos pero, sobre todo aprendió a respetar a los enfermos, la mayoría de condición humilde.  Como no quería desaprovechar la experiencia, con frecuencia permanecía en actividad durante 48 0 72 horas seguidas. 

            Todo hacía suponer que su futuro estaba allí, en el Hospital Policlínico, pero después de graduarse, en 1949, llegó una carta de un tío de Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de 3 500 habitantes en la zona desértica de la Pampa.  Explicaba que el único médico que atendía la población, el doctor Dardo Rachou Vega, estaba enfermo y necesitaba viajar a Buenos Aires para su tratamiento.  Le pedía a su sobrino René que lo reemplazara aunque más no fuera por dos o tres meses.  La decisión no fue fácil.  Pero al final Favarolo llegó a la conclusión de que unos pocos meses transcurren rápidamente y que, mientras tanto, era posible que cambiara la situación política.

            Llegó a Jacinto Aráuz en mayo de 1950 y rápidamente estableció amistad con el doctor Rachou.  Su enfermedad resultó ser un cáncer de pulmón.  Falleció unos meses más tarde.  Para ese entonces Favarolo ya se había compenetrado con las alegrías y sufrimientos de esa región apartada, donde la mayoría se dedicaba a las tareas rurales.

            La lluvia; el calor, el viento y la arenisca eran insoportables en verano, y el frío de las noches de invierno no perdonaba ni al campo más resistente.  Favarolo comenzó a interesarse por cada uno de sus pacientes, en los que procuraba ver su alma.  De esa forma pudo llegar a conocer la causa profunda de sus padecimientos.

            Al poco tiempo se sumó a la clínica su hermano, Juan José, médico también.  Se integró muy pronto a la comunidad por su carácter afable, su gran capacidad de trabajo y dedicación a sus pacientes.  Juntos pudieron compartir la labor e intercambiar opiniones sobre los casos más complicados.

            Durante los años que ambos permanecieron en Jacinto Aráuz sentían casi como una obligación el desafío de paliar la miseria que los rodeaba.

            Con la ayuda de los maestros, los representantes de las iglesias, los empleados de comercio y las “comadronas”, de a poco fueron logrando un cambio de actitud en la comunidad.  Así, lograron que casi desapareciera la mortalidad infantil de la zona, redujeron las infecciones en los partos y la desnutrición, organizaron un banco de sangre viviente con donantes que estaban disponibles cada vez que los necesitaban y realizaron charlas comunitarias en las que brindaban pautas para el cuidado de la salud.

            Favarolo leía con interés las últimas publicaciones médicas y cada tanto volvía a La Plata para actualizar sus conocimientos.  Quedaba impactado con las primeras intervenciones cardiovasculares: era la maravilla de una nueva era. Poco a poco fue renaciendo en él entusiasmo por la cirugía torácica, a la vez que iba dándole forma a las ideas de terminar con su práctica de médico rural y viajar a los Estados Unidos para hacer una especialización.  Quería participar de la revolución y no ser un mero observador.  En uno de sus viajes a La Plata le manifestó ese deseo al Profesor Mainetti; quién le aconsejó que el lugar indicado fuera la Clínica Cleveland.

            A  los 40 años se fue a trabajar como Residente de Cirugía a la Clínica Cleveland, donde llegó a Cirujano de planta.  En ese Lapso desarrolló la técnica del By-Pass Aorto-Coronario, para lo cual fue fundamental la contribución de su compañero de trabajo Mason Sones, quien desarrolló la cinecoronariografía, estudio indispensable previo a la cirugía.

            Al principio la mayor parte de su trabajo se relacionaba con la enfermedad valvular y congénita.  Pero su búsqueda del saber lo llevó por otros caminos.  Todos los días, apenas terminaba su labor en la sala de cirugía, Favarolo pasaba horas revisando cinecoronariografías y estudiando la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco.

            A comienzos de 1967, Favarolo comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria.  Llevó a la práctica sus ideas por primera vez en mayo de ese año.  La estandarización de esta técnica, llamada del “by-pass” o cirugía de revascularización miocárdica, fue el trabajo fundamental de su carrera, lo cual hizo que su prestigio trascendiera los límites de ese país, ya que el  procedimiento cambió radicalmente la historia de la enfermedad coronaria.  Está detallado en profundidad en su libro Surgical Treatment on Coronary Arteriosclerosis Coronaria.

            Su aporte fue resultado de conocimientos profundos de su especialidad, de largas horas de investigación y de intensa labor.  Favarolo decía que su contribución no era personal sino el resultado de un equipo de trabajo que tenía como primer objetivo el bienestar del paciente.  El Doctor Favarolo fue el primero, que satisfactoriamente realizó la cirugía del by-pass de la arteria coronaria del corazón.  Substituyó la obstrucción de la arteria coronaria de una mujer de 51 años en mayo de 1967 con un pedazo de vena saphenous.  Esto fue “el principio” de la cirugía de by-pass, que gradualmente se ha ido mejorando con la nueva tecnología.  Favarolo indudablemente ha cambiado la historia de la enfermedad coronaria.

            Favarolo volvió a su país en 1971, con el sueño de desarrollar un centro médico de excelencia, que combinara la atención médica, la investigación y la educación.  Con ese objetivo se creó la fundación Favarolo en 1975.  Desde entonces, más de 400 residentes se han formado bajo la supervisión.  Los numerables cursos, seminarios y congresos organizados por la Fundación, entre, los que se destaca “Cardiología para el consultante” –que tiene lugar cada dos años-, contribuyeron a elevar el nivel de la especialidad para beneficio de los pacientes.  En el campo asistencial, Favarolo introdujo la cardiología moderna en la Argentina y fue pionero en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades coronarias.  En 1980 el equipo de Favarolo realizó el primer trasplante cardiaco del país en el Sanatorio Güemes con una sobrevida prolongada.  En 1990 realizó el primer transplante cardiopulmonar del país.

            En 1980 Favarolo creó el laboratorio de investigación Básica -al que financió con dinero propio durante un largo período- y con posterioridad pasó a ser el instituto de investigación en Ciencias Básicas del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas y que, a su vez, dio lugar, en agosto de 1998, a la creación de la Universidad Favarolo.

            En la actualidad la universidad consta de  una facultad de Ciencias Médicas, donde se cursan dos carreras de grado –medicina (iniciada en 1993) y kinesiología y fisiatría (iniciada en 2000) y una Facultad de ingeniería, Ciencias Exactas y Naturales, donde se cursan tres carreras de ingeniería (iniciadas en 1999).

            En 1992 se inauguró en Buenos Aires el instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la fundación Favarolo, entidad sin fines de lucro.  Con el lema “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico” se brindan servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y transplante cardiaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea, además de otras áreas Favarolo concentró allí su tarea, rodeado de un grupo selecto de profesionales.

            En 1993 tuvo lugar el primer trasplante pulmonar doble en la Argentina, que fue realizado por Favarolo y su equipo.  En 1995, el grupo de la Unidad Coronaria demostró la utilidad de la heparina de bajo peso molecular para el tratamiento de la angina inestable, que hoy se emplea en todo el mundo.  En 1998 se le colocó un corazón artificial a un paciente en la lista de espera para trasplante, quien ambuló con el dispositivo durante el período más largo que se conoce en América Latina hasta que fue posible conseguir un donante.

            Siguió haciendo hincapié en la prevención de enfermedades y enseñando a sus pacientes reglas básicas de higiene que contribuyeran a disminuir las enfermedades y la tasa de mortalidad.  Con ese objetivo se desarrollaron en la Fundación Favarolo estudios para la detección de enfermedades, diversidad de programas de prevención, como el curso para dejar de fumar, y se hicieron varias publicaciones para el público en general a través del Centro de Fundación Favarolo, que funcionó hasta el año 2000.

            Jamás perdió oportunidad de denunciar problemas tales como la desocupación, la desigualdad, la pobreza, el armamentismo, la contaminación, la droga, la violencia, etc, convencido de que sólo cuando se conoce y se toma conciencia de un problema es posible subsanarlo o, aun mejor, prevenirlo.

Favarolo recibió innumerables distinciones internacionales entre las que se destacan: el Premio John Scout 1979, otorgado por la ciudad de Filadelfia, EE.UU.; la creación de la Cátedra de Cirugía Cardiovascular “Dr. René G. Favarolo (Universidad de Tel Aviv, Israel, 1980); la distinción de la Fundación Conchita Rábago de Jiménez Díaz (Madrid, España, 1982); el premio Maestro de la Medicina  Argentina (1986); el premio Distinguished Alumnus Award de la Cleveland Clinic Foundation (1987); The Gairdner Foundation Internacional Award, otorgado por la Gairdner Foundation (Toronto, Canadá, 1987); el Premio René Leriche 1989, otorgado por la Sociedad Internacional de Cirugía; el Gofted Teacher Award, otorgado por el Colegio Americano de Cardiología (1992); el Premio Príncipe Mahidol, otorgado por Su Majestad el Rey de Tailandia (Bangkok, Tailandia, 1999).

            Desde siempre sostuvo que todo universitario debe comprometerse con la sociedad de su tiempo y recalcó: “quisiera ser recordado como docente más que como cirujano”.  Por esa razón, dedicó gran parte de su tiempo a la tarea docente, a la preparación de programas educativos y a escribir libros de medicina, educación y la sociedad.

            Toda la tarea desarrollada en la fundación Favarolo contribuye a elevar el nivel de la especialidad en beneficio de los pacientes, quienes, al igual que en los tiempos de René Favarolo, siguen siendo los únicos privilegiados en su fundación.

            En los últimos tiempos residía  en el barrio de Palermo en la ciudad de Buenos Aires.

            Una crisis de índole personal y económica ligada al mantenimiento de su Fundación, lo llevó a tomar la decisión de suicidarse de un disparo al corazón a los 77 años de edad.  Su inesperada desaparición es una dolorosa pérdida para la humanidad.

            La muerte del maestro es realmente una pérdida terrible e irreparable pero de él nos queda su ejemplo como médico, pero más aún como una persona solidaria y luchadora que eligió servir a los demás.  Nosotros como estudiantes de medicina es nuestro deseo llegar a ser grandes trabajadores de la salud y trabajar en beneficio de nuestra población como lo soñó alguna vez el maestro cuando era, al igual que nosotros un estudiante con la ambición, no de llenarse los bolsillos a costa del dolor ajeno, sino de mejorar la calidad de vida de quienes sufren la pena de la enfermedad.


CURRÍCULO VITAL

NOMBRE: René Jerónimo Favarolo

NACIMIENTO: La Plata, Argentina, 14 de julio de 1923

EDUCACIÓN: Universidad de La Plata

TÍTULOS: Bachiller (1941)

                  Médico (1949)

RESIDENCIA: Hospital Policlínico, La Plata, Argentina

ENTRENAMIENTO

Cirugía General

Hospital Policlínico, La Plata, Argentina

Cirugía General, Cursos de Postgrado

Hospital Rawson, Buenos Aires, Argentina.

Cirugía Torácica y Cardiovascular

Cleveland Clinic Foundation

Cleveland, Ohio

Allí desarrolló el trabajo fundamental de su carrera: la cirugía de revascularización miocárdica (bypass). Febrero 1962-Agosto 1965.

PRACTICA PRIVADA

La Pampa, Argentina

Noviembre 1950-Enero 1962

Cleveland Clinic Foundation

Miembro del Staff

Diciembre 1966-Junio 1971

Director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.  Hospital Privado Güemes

Buenos Aires. 1971-1992.

Director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.  Fundación Favarolo.  Buenos Aires. 1992-2000.

MIEMBRO ACTIVO

Societe Internationale de Chirurgie.

American Collage of Súrgenos

American Collage of Sugeons.  Ohio Chapter

Cleveland Chest Society

American Association for Thoracic Surgery (Senior)

American  Medical Association

American College of Cardiology

Transplantation Society

The Society of Thoracic Surgeons (Senior)

American Heart Association (Miembro del Consejo de Cirugía Cardiovascular)

Sociedad Internacional de Cirujanos Cardiotorácicos

Pan American Medical Association

Sociedad de Cardiocirujanos (España)

Pan Pacific Surgical Association

Third World Academy of Sciences

Asociación Médica Latinoamericana

Academia Nacional de Ciencias

Academia Nacional de Medicina

Federación Argentina de Medicina

Federación Argentina de Cardiología

Asociación Médica Argentina

Sociedad Argentina de Cirugía Torácica y Cardiovascular

Colegio Argentino de Cirujanos Cardiovasculares

Colegio Argentino de Cirujanos

Sociedad Argentina de Progresos en Medicina Interna.  Capítulo Argentino de la Sociedad Internacional de Progresos en Medicina Interna

Asociación Argentina de Trasplantes

Sociedad Científica Argentina

MIEMBROS CORRESPONDIENTES

Sociedad Paraguaya de Cardiología

Sociedad Paraguaya de Cirugía

Sociedad de Cirugía del Uruguay

Sociedad de Cirugía de La Plata

MIEMBRO HONORARIO

American Collage of Sugeons. (Anexo 2)

American Association for Thoracic Surgery

Fellow Emeritus:  American College of Chest Physicians

Fellow. Interamerican Medical and Health Association

Israel Medical Association

The Florida Society of Thoracic and Cardiovascular Surgeons

Sociedad Italiana de Cirugía Cardiovascular

Sociedad Eslovena de Cardiología

Asociación de Cirugía Torácica y Cardiovascular de Asia.

Colegio de Médicos y Cirujanos de la República de Costa Rica.

Academia Nacional de Medicina de Brasil

Sociedad Cardiovascular de Chile

Sociedad Peruana de Cardiología

Sociedad Peruana e Cirugía Torácica y Cardiovascular

Academia Peruana de Cirugía

Asociación Peruana-Argentina de Médicos

Sociedad Dominicana de Cardiología

Sociedad Panameña de Cardiología

Sociedad Ecuatoriana de Cardiología

Sociedad Chilena de Cardiología

Sociedad Colombiana de Geriatría y Gerontología

Sociedad Mexicana de Cardiología

Sociedad Boliviana de Cardiología

Sociedad Colombiana de Cardiología

Sociedad Uruguaya de Cardiología

Capítulo Argentino de American Collage of Súrgeons

Sociedad Argentina de cardiología

Sociedad Argentina de Angiología

Sociedad Argentina de Bioingeniería

Sociedad de Cardiología de Rosario

Sociedad de Cardiología de La Plata

Sociedad de Cardiología del Oeste Bonaerense

Sociedad de Cirugía de La Rioja

Sociedad de Cirujanos de Mar del Plata

Colegio Médico de Córdoba

Colegio Médico de La Pampa

Sociedad de Cirugía de Bahía Blanca

Asociación Médica de Tandil

Asociación Médica de San Juan

Sociedad Odontológica de La Plata

Fundación  Sanidad Naval Argentina

Sociedad Médica de La Plata

Sociedad Argentina de Trasplante

NOMBRAMIENTOS ACADEMICOS

Profesor Asociado de la Cátedra de Cirugía de Tórax y Cardiovascular.  Facultad de Ciencias Médicas.  Universidad nacional de Córdoba (1973-1974).

Doctor Honoris Causa.  Universidad Católica de Córdoba (nombrado en 1974)

Profesor Honorario. Universidad de San Andrés, La Paz, Bolivia (1975)

Profesor Titular Extraordinario de Cirugía Cardiaca. Universidad del Salvador, Buenos Aires (nombrado en 1977).

Miembro Titular de la Academia Nacional de Ciencias (nombrado en 1977).

Profesor Honorario.  Universidad Nacional de Córdoba (nombrado en 1979).

Profesor Honorario.  Universidad Nacional de La Plata (nombrado en 1979).

Profesor Extraordinario.  Universidad Católica de Salta (nombrado en 1980).

Doctor Honoris Causa.  Universidad de Tel Aviv, Israel (nombrado en 1980).

Doctor Honoris Causa. Universidad Nacional de Rosario (nombrado en 1980).

Consultante Honorario.  Quinta Cátedra de Cirugía.  Facultad de Medicina.

Universidad de Buenos Aires (nombrado en 1983).

Consultante Honorario.  Hospital Israelita de Buenos Aires (nombrado en 1983)

Miembro Titular de la Academia Nacional de Medicina (nombrado en 1986)

Doctor Honoris Causa.  Universidad Nacional de Cuyo (nombrado en 1986)

Profesor Honorario. Universidad nacional de Buenos Aires (nombrado en 1987)

Doctor Honoris Causa.  Universidad nacional de Tucumán (nombrado en 1989)

Miembro del Consejo Superior Académico de la Universidad de Ciencias

Empresariales y Sociales (UCES).

Doctor Honoris Causa.  Universidad Nacional “Pedro Henríquez Ureña”, Santo Domingo, Rep. Dominicana (nombrado en 1993)

Miembro Activo Fundador de la Sociedad de Cardiocirujanos de España (nombrado en 1993).

Doctor Honoris Causa.  Universidad Nacional de Río Cuarto (nombrado en 1996).

Doctor Honoris Causa. Universidad Nacional del Litoral (nombrado en 1997)

DOCENCIA

Instrucción de residentes y “fellows” en la Cleveland Clinic desde 1966 hasta junio, 1971 y en el Hospital Privado Güemes desde julio 1971 hasta 1992.

En la Cleveland Clinic el Dr. Favarolo entrenó médicos de EE.UU y del extranjero.

En Buenos Aires el Dr. Favarolo estableció un programa de residencia con regulaciones similares a las establecidas para los programas de EE.UU.

Más de 450 residentes de todos los países de Latinoamérica fueron entrenados bajo su supervisión.  Como ejemplo, el Dr.  Rodolfo Barragán, ex residente de la Fundación, es el actual jefe del Departamento de Cirugía Cardiovascular del Instituto nacional de Cardiología de México.

Programas similares se han desarrollado en cardiología clínica, técnicas no invasivas y cateterismo cardiaco.

Enfermeras y técnicos de la Argentina y el extranjero han sido entrenados en la Fundación Favarolo.

Centro Editor de la Fundación Favarolo (desde diciembre de 1993 hasta 2000)

Además de las publicaciones médicas se editaron libros, revistas, videos y fascículos destinados a la educación de la comunidad, entre ellos, “Enciclopedia de la Salud”, programa de medicina preventiva en fascículos de entrega semanal, y “Cocina Clásica”.

CURSOS DE POSTGRADO: (En tres niveles)

Para el clínico general del todo el país, incluyendo las áreas rurales.

Para los cardiólogos que se desempeñan en áreas urbanas.

Para cardiólogos y cirujanos cardiovasculares. “Cardiología para el Consultante” tiene lugar cada dos años para cardiólogos  y cirujanos cardiovasculares altamente especializados.  Aparte del programa regular de educación el doctor Favarolo participó como invitado en congresos nacionales e internacionales.

AGRADECIMIENTOS 

Al compañero Gaston Laplacette, sin cuya ayuda esto no hubiera sido posible y a la profesora Alina Ayala Quiñones la cual nos dio la oportunidad de realizar este humilde trabajo.

BIBLIOGRAFÍA:

www.Favarolo.edu.ar

www.easybuenosairescity.com/biografías

www.fundacionfavarolo.org


TERCER PREMIO

DR.  CARLOS CHAGAS

Escuela Latinoamericana de Medicina

Autoras: Viviane Figueiredo de Almeida e Silva-Brasil

                      Josiane Pereira Núñez-Uruguay

Primer año de medicina ELAM. Grupo 30.


OBJETIVOS

1.<>         Describir la trayectoria del científico y médico Carlos Chagas

2.<>         Exponer sus aportes para la medicina

3.<>         Valorar la importancia de pesquisas para el desarrollo de la medicina.


INTRODUCCIÓN

En este trabajo abordaremos la vida y trayectoria de Carlos Chagas, médico y científico brasileño que en sus estudios sobre la malaria descubrió una nueva enfermedad: la enfermedad de Chagas, causada por el protozoario Tripanosoma cruzi y que se transmite por medio de un insecto denominado “barbeiro”.

            El trabajo de Chagas es único en la historia de la Medicina.  Descubrió su agente primero en precisar la importancia social de la nueva enfermedad entre las endemias que existían en Brasil.  Razones que determinaron la elección de Carlos Ribeiro Justiniano Chagas como tema de estudio.


DR. CARLOS CHAGAS

(09/07/1838-08/11/1934)

Científico brasileño, importante pesquisador y sanitarista.  Nació en la ciudad de Oliveira, en Minas Gerais.  Empezó sus estudios de Säo Joäo del Rei, concluyendo el colegial en la ciudad de Ouro Preto.  Fue en la ciudad de Río de Janeiro en el año de 1903.  Aún en la facultad, ingresó en el instituto Bacteriólogo Osvaldo Cruz de donde fue director entre los años de 1917 y 1934.

            Debido a su teoría domiciliar de la transmisión de la Malaria elaborada después de una campaña profiláctica en la Ciudad de Santos, primera organizada en combate contra esta enfermedad en Brasil, proyectó su nombre en los medios científicos del país.

            Logró ser jefe de una campaña profiláctica contra la Malaria en el estado de Minas Gerais y en 1909 después de observar la infinidad de insectos hematófagos presentes en las construcciones de chozas, encuentra un nuevo parásito el cual denomino Tripanosoma cruzi, causal de una enfermedad infecciosa y parasitaria provocada por este protozoario y transmitida por un insecto, el Triatoma infestans conocido popularmente como “Barbeiro”.  Su trabajo envuelve todos los aspectos de la enfermedad, como por ejemplo su anatomía patológica, etiología, formas clínicas, medios de transmisión, patógenas, prevención y sintomatología.

            Un año después de ser descubierta recibió el reconocimiento de los medios internacionales.  En 1910 fue creado para él un lugar especial en la academia nacional de Medicina y en 1912 recibió el premio Scaudinn concebido al mejor estudio sobre protozoo logia y microbiología.  “El descubrimiento de esta enfermedad constituyó un magnífico ejemplo de la lógica al servicio de la ciencia”. Dijo Oswaldo Cruz.

            Carlos Chagas también estuvo presente en la Campaña contra la fiebre “española” que azotó Río de Janeiro en el año de 1918 y en 1919 asumió el cargo de director de Salud Pública de esta ciudad, en la que modernizó los servicios sanitarios.  Fue el primero en descubrir la lesiones en la médula ósea causadas por la Malaria, descubrió nuevos e importantes transmisores y revolucionó su época al afirmar que la Malaria era una infección de transmisión domiciliar.  Publicó diversas obras, entre ellas se destacan: Estudios hematológico del Paludismo (1902), hematología del Impaludismo (1903), Profilaxia antipalúdica (1907), Nueva especie de Taeniorynchus (1908), Nueva especie mórbida de hombre producida por un tripanosoma (1909), Clasificación y descripción de diversas especies de ano felinos y culicídios, Descripción de una nueva molestia humana transmitida por el “barbeiro” (Triatoma megistus) (1912), Patogenia y tripanossomiase americana (en colaboración con Eurico Vilela) (1929), Aspectos evolutivos de la Tripanosoma cruzi no transmisor (1929).

            Por todos estos estudios la universidad de Hamburgo le dio el premio Kummel, y también recibió los títulos de Magíster Honoris por las facultades de Paris y Hartad.  Perteneció a las academias de Medicina de New Cork, Paris y Lima.

SOBRE LA ENFERMEDAD

Es una endemia rural que infecta gran parte de la América Central y del Sur.  Su transmisión está relacionada principalmente con las condiciones de vida de la población.  El insecto es el reservorio definitivo del parásito, que se reproduce en el intestino.  Al picar un individuo sano, el insecto defeca y elimina sus heces contaminadas.  La víctima al rascar el local de la picada esparce las heces sobre el herrimiento, de esta manera los parásitos penetran en la piel llegando a la circulación sanguínea.  En esta fase, en la mayoría de los casos, no hay manifestaciones de síntomas.  La víctima presenta fuerte reacción en el lugar de la picada y presenta un cuadro febril alto.

            Si la enfermedad no es diagnosticada en esta primera fase, se desarrolla de forma crónica.  Los tripanosomas se instalan en los músculos, especialmente en el corazón.  Al atingir este órgano provoca la desnutrición de las fibras musculares que conlleva a una insuficiencia cardiaca que pueden llevar a la muerte.  En esta fase, los tripanosomas también provocan lesiones en el intestino.

EL CICLO DE LA ENFERMEDAD

  1. El "barbeiro" pica una persona                               

           Infectada con el parásito                                   

      2.  En su intestino, los parásitos

            se reproducen.

      3.  El “barbeiro” deposita las

            heces en la piel de la persona,

            que se infecta con el

            Tripanosoma Cruzi cuando se

            rasca.

4.<>      Los parásitos invaden primero

       las células de la piel y enseguida

       la circulación  sanguínea            .

     5.   En  la fase sin síntomas de la 

enfermedad, el Tripanosoma

Cruzi se concentraba en las

fibras musculares.

6.   El ciclo recomienza cuando

      una persona es picada de

      nuevo.


TRATAMIENTO

La prevención consiste en un saneamiento básico eficiente, en el combate al vector y en la mejoría de las condiciones de las habitaciones.

      Para efectos prácticos, el tratamiento de esta enfermedad presupone una terapéutica específica (contra el parásito, para eliminarlo) y una sintomática (para disminuir los síntomas), como por el uso de cardiotonicos y antiarrítmicos para el corazón o a través de cirugías correctivas del esófago y del colon.  Nuevos fármacos han sido testados, presentando menores efectos colaterales, son antifúngicos de última generación que actúan impidiendo la síntesis de esteroides, sustancias importantes para el parásito.  Hubo avances sustanciales en la terapéutica específica de la enfermedad.


CONCLUSIONES

Desde joven Carlos Chagas se vio interesado por la medicina, pero por contratiempos familiares tuvo que buscar otros caminos para luego llegar a la Facultad de Medicina de Rio de Janeiro.  Por su tesis fue solicitado por Oswaldo Cruz para participar en campañas profilácticas, entre otros trabajos, lo que fue decisivo para que  pudiera desarrollar sus estudios y pesquisas, logrando conocer e identificar una nueva enfermedad: Enfermedad de Chagas.

      Su descubrimiento y estudios, en lo fundamental sobre la Malaria, fueron de suma importancia no solo para Brasil, sino también para otros países, ya que esta enfermedad fue encontrada en gran parte de América Latina, posibilitando su prevención y tratamiento.  De gran valor fueron sus trabajos científicos, pesquisas que deben ser incentivadas, porque, actualmente es un gran desafío, no solo la búsqueda de fármacos más eficaces y con menos efectos colaterales sino además, la preparación de médicos que sepan diagnosticar y tratar la enfermedad.


BIBLIOGRAFÍA

1.<>      Biblioteca virtual Carlos Chagas (Internet)

2.<>      Fundación Carlos Chagas (Internet)

3.<>      Instituto de Pesquisas Oswaldo Cruz (Internet)

 

  • Copyright © 2000-2008, Revista 16 de Abril
  • Revista Científico Estudiantil de las Ciencias Médicas de Cuba
  • Fecha de actualización: 28 de abril de 2008
  • Webmaster: Pavel Polo Pérez
  • URL: http://www.16deabril.sld.cu
  • Los contenidos que se encuentran en nuestro sitio están dirigidos fundamentalmente a estudiantes y profesionales de la salud.
  • Abre nueva ventana: Logo de validación de XHTML 1.0 Transitional | Abre nueva ventana: Logo de validación de hojas de estilo