Debes activar JavaScripts para ver de forma adecuada esta web.

Página de inicio
CURIOSIDADES DE LA MEDICINA

EXPRESIONES Y GESTOS, ¿detalles insignificantes? ...

Por Magali González Camacho


. La apariencia externa del paciente: factor coadyuvante en el pesquisaje de la enfermedad. Contribución de la observación visual, el primero de los mecanismos que pone a funcionar el médico para poder llegar a la o las causas que origina el padecimiento


El primer contacto de un médico y su paciente puede limitarse a un “estoy enfermo” tácito o expreso de este último ante aquel. Cuando ello no ocurre, el médico no está frente a un hombre, sino ante un cuerpo vivo; tal es el caso extremo de atender médicamente a un comatoso, diabético u otro individuo con determinada enfermedad. Entonces deciden sobre el quehacer del médico los caracteres físico-organolépticos (olor a acetona, color del rostro, sudoración, etc.) o biológicos (reflejos pupilares o tendinosos, frecuencia y ritmo del pulso, entre otros) que en su exploración pueda recibir.

En el resto de los casos -vaya el médico al lecho del enfermo o preséntese este en el consultorio- la comunicación entre ambos siempre comenzará en el callado o expreso “estoy enfermo” del paciente.

Las formas tácitas y verbales de esta presentación inicial son múltiples y variadas, desde la “facies indicativa de dolor”, “gesto corporal” (opistótonos, mano en el ámbito precordial, etc.) hasta el despreocupado “ahí no doctor, toque de nuevo aquí” del enfermo.

¿Qué tiene el médico delante, cuando en una u otra forma escucha: “estoy enfermo”?

No se trata simplemente de un alma dolorida o angustiada, ni un cuerpo deforme, o un ser retorcido o mustio, sino a una persona en su totalidad. El paciente es siempre “un ser humano enfermo” y de ahí hay que partir para su ulterior comprensión.

¿Qué encuentra, pues, el médico en esa totalidad personal enferma que tiene ante sus ojos?

Sencillamente halla una realidad configurada en dos posibilidades diferentes:
1) El hallazgo empírico-intuitivo e inmediato de una alteración en la apariencia somática del que se declara enfermo: una malformación, herida, o en el caso más sutil, una expresión mímica de su dolor o angustia.

En este caso el médico estructura un esquema exploratorio a partir de la alteración observada para llegar a su diagnóstico.
Existió una etapa en la que el médico creyó poder prescindir de toda declaración verbal del presunto enfermo (de toda anamnesis),incluso de la expresión “estoy enfermo”, a expensas de la sospechosa seguridad objetiva e inconmovible que suministran los datos de la exploración: los llamados hechos objetivos.

Leube (Wilhelm Olivier Leube, clínico alemán, 1842-1922), solía decir que un interrogatorio no es sino tiempo perdido para el diagnóstico, y quizás no exista testimonio tan expresivo como esta frase para caracterizar la época del naturalismo médico. Pero sucede, porque lo impone la constitución misma del hombre, que la enfermedad no puede comprenderse sin interrogatorio, sin diálogo.

2) La segunda posibilidad es una carencia de hallazgos “patológicos” a primera vista: el habitus somático es aparentemente normal. Entonces , prescindiendo de aberraciones tipo Leube, se impone la inmediata incoación de un diálogo: - ¿qué le sucede?, ¿qué molestias tiene?, etc., a cuyo hilo se van urdiendo los posibles esquemas exploratorios ulteriores, que persiguen siempre la confirmación de una hipótesis surgida durante el diálogo con el enfermo.

De un modo u otro, se impone una definitiva y seria atención a la frase inicial del paciente, que más tarde se completa con la mirada vigilante del médico y el diálogo posterior.

Al poner en práctica este mecanismo, el médico llega a admitir si verdaderamente la persona que tiene ante sí está realmente enferma o no. El hallazgo objetivo en la exploración podrá ser confirmado. Sin embargo, este último no resulta en la práctica la causa eficiente que hace confirmar con firme e íntima convicción en la conciencia del médico, el enunciado: “está enfermo”.

Aquí es preciso analizar dos casos entremos

Un paciente se queja de opresión precordial. Todos los datos exploratorios (percusión, auscultación, electrocardiograma, tensión arterial, datos de laboratorio, etc.) se encuentran dentro de lo que consideramos normalidad.

Fracasa la exploración más minuciosa en la pesquisa de una lesión orgánica. ¿Qué pensar en un caso semejante? Dos posibilidades se ofrecen: 1) o se considera el caso como un neurótico -un enfermo auténtico por ruptura entre el contenido de la vivencia y la expresión de esa vivencia- 2) o como un simulador, simplemente un embustero.

Ahora bien, la elección entre el dilema neurótico simulador, en casos como el propuesto, no tiene lugar a merced de datos exploratorios -.mal podría ocurrir así siendo todos “negativos”-, pero tampoco caprichosamente.

Tal decisión acontece por virtud de datos que el médico auténtico ha recogido durante su diálogo anamnésico -expresiones fugaces del enfermo, acentos de su voz, inconexiones formales entre diversas declaraciones suyas, etcétera-, o más ampliamente, durante el instante de su coexistencia con el posible enfermo.

Valoremos ahora este otro caso

Aquí el médico toma de la mano a su amada, y por azar descubre en su pulso una arritmia. Al instante le dice con sobresalto: “¡Tú estás enferma, a ti te pasa algo!”. Ella en cambio responde negativamente; así queda establecido un diálogo médico sobre “el caso”. La supuesta enferma no siente molestia alguna, cumple sus fines personales con absoluta e incluso colmada suficiencia, está alegre: “no le pasa nada”. En la exploración orgánica tampoco halla otro síntoma que no sea la arritmia, la cual es comprobada mediante el esfigmomanómetro y el electrocardiograma. Entonces, como en el caso anterior, ¿qué pensar si la joven continúa “perfectamente” y “no le da importancia” a la irregularidad de su pulso?

Puede ocurrir, ciertamente, que a partir del casual hallazgo comience ella a “preocuparse” por su pulso y se inicie así un proceso hipocondríaco, o tal vez se presenten las siguientes posibilidades: un aferramiento del médico a su conclusión, “ella está enferma”, con el mentis permanente de una vida normal, “sana”, o un juicio definitivo de este tipo: “indudablemente es una anomalía constitucional que no altera en nada la salud”, como tampoco la altera tener un papiloma en el cuello –enfermedad objetiva y no funcional-.

Entre los dos casos “extremos” antes mencionados
–deliberadamente esquemáticos-, pero posibles, y con seguridad experimentados de una u otra forma por un gran número de médicos- se halla la totalidad de la medicina somática.

En definitiva, ante un hombre que dice estar enfermo (sea cierto o no), el médico auténtico que con él coexiste, adquiere una primaria y radical certeza consistente en el juicio “este hombre está enfermo”. Tal apreciación se apoya de modo inmediato en la expresión psicosomática del enfermo, esto es, en sus palabras, la expresión mímica facial, sus actitudes y alteraciones somáticas visibles, tangibles, mensurables, etc. Todo síntoma morboso –glicemia o facies melancólica- debe ser considerado como expresión o manifestación de un “estar enfermo”, patente en la conciencia del paciente u oculto en ella.

Al concebirse una visión del hombre como centro personal, realizado en el espacio por un cuerpo, un cáncer gástrico o un tumor cerebral, deben ser considerados como expresión visible –como gesto dramático y silenciosamente llamativo- de la frase enunciada en un inicio: “estar enfermo”.

Se apoya la creencia de modo inmediato en la expresión, independientemente de que esta sea tumor, fiebre o lamento.


Bibliografía: LAÍN ENTRALGO, PEDRO. Medicina e Historia. Ediciones Escorial, Madrid, 1941.

 

  • Copyright © 2000-2008, Revista 16 de Abril
  • Revista Científico Estudiantil de las Ciencias Médicas de Cuba
  • Fecha de actualización: 28 de abril de 2008
  • Webmaster: Pavel Polo Pérez
  • URL: http://www.16deabril.sld.cu
  • Los contenidos que se encuentran en nuestro sitio están dirigidos fundamentalmente a estudiantes y profesionales de la salud.
  • Abre nueva ventana: Logo de validación de XHTML 1.0 Transitional | Abre nueva ventana: Logo de validación de hojas de estilo