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ReportajePOR LAS HUELLAS DE LAS CIENCIAS

A CARGO DE MAGALI GONZÁLEZ CAMACHO

TAL COMO ANUNCIAMOS EN EL NÚMERO 214 DE NUESTRO SITIO, REFERENTE A LA PARTICIPACIÓN DE LOS ESPECIALISTAS DEL MUSEO, EN UN ESPACIO DEDICADO A PUBLICAR LOS RESULTADOS DE SUS INVESTIGACIONES, ESTUDIOS DE TEMAS INTERESANTES Y OTROS MATERIALES INFORMATIVOS. EN ESTA OPORTUNIDAD PUBLICAMOS UN ARTÍCULO QUE RECOGE LOS PORMENORES DE LA ACTIVIDAD REALIZADA PARA REINAUGURAR LA SALA DE FARMACIA DE DICHA INSTITUCIÓN EN EL AÑO 2003.

19 DE MAYO DE 2003
REINAUGURACIÓN DE LA SALA DE FARMACIA DEL MUSEO
“CARLOS J. FINLAY”

POR MERCEDES VALERO GONZÁLEZ,
INVESTIGADORA AUXILIAR

Nos complace conmemorar este 142 aniversario de la fundación de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana con la reinauguración de la Sala de Farmacia del Museo Nacional de Historia de las Ciencias "Carlos J. Finlay". La misma forma parte de un conjunto de áreas expositivas que con contenido histórico-científico ofrecen una valiosa información del desarrollo científico cubano del siglo XIX y, en especial, de la Institución que ocupó esta sede. Al constituirse el Museo Histórico de las Ciencias Médicas el 13 de junio de 1962, se determinó que una de sus instalaciones fuera dedicada a la historia de la Farmacia, a través de la exposición de una de las más antiguas e importantes boticas que existieron en el siglo XIX.
Esta decisión estuvo muy bien justificada, pues una de las principales funciones de la Real Academia fueron precisamente los estudios farmacéuticos, reflejado así en sus estatutos y para lo cual contaba con una sección de Farmacia. Dicha sección se dedicaba a la elaboración de dictámenes sobre la calidad de productos farmacéuticos, puestos a consideración de la Institución por sus miembros, y al estudio de las plantas con propiedades medicinales presentes en el país.
Por otra parte, contó también la Real Academia, con la Comisión de Remedios Nuevos y Secretos, cuya difícil e importante misión era evaluar los preparados farmacéuticos presentados a la institución para venderlos, con el propósito de curar enfermedades, ya que proliferaban gran cantidad de ellos en manos de charlatanes que abusaban de la credulidad popular, razón por la que la Academia se veía en la necesidad de alertar contra esto y condenar tales actitudes, cumpliendo con lo establecido en sus estatutos.

Asimismo, la Academia funcionó como órgano consultivo del Gobierno de la colonia y como entidad reguladora de varios documentos normativos, ejemplo de ello fue la encomienda de redactar el Petitorio de Farmacia, la Farmacopea y la Tarifa Farmacéutica, para lo que se organizó una comisión encabezada por el Presidente de la corporación, aunque finalmente y para desdicha de todos, el trabajo de la comisión quedó engavetado, adoptándose la Farmacopea norteamericana.

Es preciso recordar que la importante misión de organizar y dirigir este Museo estuvo a cargo del Dr. José López Sánchez, quien en el caso particular de la Sala de Farmacia, ubicada en el local que antes ocupaba la Secretaría de la Academia, puso especial esmero en adquirir los objetos que en ella se exponen actualmente, para lo cual realizó gestiones que posibilitaron la adquisición del mobiliario y piezas de la antigua Farmacia "San José", así como frascos de otras farmacias de la época como "La Reunión" y "La Central", con vistas a completar los espacios que aún quedaban vacíos. A esto hay que añadir, la obtención de una colección de balanzas, morteros y ánforas, así como otros elementos procedentes de diversas farmacias, entre ellos la lámpara y el mortero de hierro.

No obstante, es importante destacar que el antecedente más cercano se encuentra en la Farmacia "San José", que fue fundada el 19 de marzo de 1849 por el Dr. Luis Serafín Le Riverend, natural de Constance, Francia y Licenciado en Farmacia en 1836, cuyo busto está situado a la entrada de la sala. La Farmacia estuvo ubicada originalmente en la calle Aguiar no. 106 esquina a Lamparilla y desde los primeros años de su existencia se situó entre las boticas de primera categoría de La Habana, caracterizándose por la aplicación de los conocimientos farmacéuticos franceses más novedosos de la época, y por ser centro de reunión de la intelectualidad habanera.
En 1876 la "San José" pasó a manos del Dr. Antonio González Curquejo (1847-1930), destacado farmacéutico gaditano, que ejerció la profesión por más de cuarenta años en Cuba. Este fue el primer graduado con el título de Doctor en Farmacia de la Universidad de La Habana en 1868. Su condición de distinguido negociante y viajero no le impidió el acometimiento de labores científicas y literarias, sino todo lo contrario, ya que gracias a su esfuerzo se constituye la Sociedad de Higiene, y llevó a cabo, a partir de su peculio personal, la edición de obras literarias y el sostenimiento y dirección de revistas de perfil médico-farmacéutico como "La Enciclopedia", y el "Repertorio Médico Farmacéutico y de Ciencias Auxiliares", así como la colaboración en otras publicaciones. Además de ser Tesorero de la Sociedad Económica de Amigos del País, fue nombrado Socio de Mérito de tan renombrada institución.
González Curquejo logró mantener el prestigio del establecimiento y llevarlo a un nivel aún más alto, para lo que construyó un nuevo local que abarcaba los números Habana 12 y Lamparilla 36, 38 y 40, el cual inauguró el 15 de julio de 1894. Este moderno edificio se distinguía por sus comodidades y sus salones que alojaban diferentes dependencias, como por ejemplo el Escritorio, la Droguería y los laboratorios químicos y farmacéuticos. En él se destacaba un elegante mueble de color rojo quemado, confeccionado con maderas preciosas talladas con refinado lujo. Sobre este se tiene la referencia de haber sido premiado en la Exposición de Chicago de 1893, ciudad donde se construyó y desde donde se trajo expresamente para la reinauguración de la Farmacia "San José". A dicho evento, celebrado con una visita y un espléndido almuerzo, asistió un selecto grupo de médicos, farmacéuticos, escritores, periodistas, banqueros y políticos.

Este establecimiento se destacó por la elaboración de preparados farmacéuticos especiales, al igual que los que se traían del extranjero llamados "de patentes", llegando a ser la suministradora de gran número de boticas y hospitales de la Isla. Se distinguía además por los anuncios de sus medicamentos, los cuales aparecían en los principales periódicos y revistas farmacéuticas de la época. La ''San José'', se convirtió en el centro de la Sociedad de Farmacéuticos de Cuba, donde se reunía este gremio y se analizaban no solo temas relacionados con la farmacia, sino también culturales. En los primeros años del siglo XX, la farmacia se traslada para el Hotel Palacio Cueto, que se construyó en 1908, ocupando su planta baja, destacándose sus mostradores de cedro que resaltaban por su maravilloso trabajo en talla. Allí permaneció hasta 1962 en que, como se ha indicado, pasó a formar parte del Museo.

Esta sala, considerada una de las más atractivas del Museo, tanto por su carácter científico-histórico como artístico, ha sido objeto de una restauración que abarcó la totalidad del local, fundamentalmente la cubierta, obra que se inició en 1998 y que permitió ser realizada sin dañar el valioso mobiliario que en ella se encuentra ni los exponentes, perfectamente protegidos en huacales. La misma ha sido montada e iluminada nuevamente y expone su hermosa colección de 447 ejemplares de frascos (albarellos, orzas, pildoreros, botellas, algodoneros) además de balanzas y morteros. En su gran mayoría los frascos fueron fabricados en Francia, aunque hay algunos de Estados Unidos y España. También se encuentran dos jarrones decorados, uno con el escudo de España y otro con el de la República, procedentes de la Farmacia "La Reunión" y donados al Museo por la viuda del dueño de esta Farmacia, el Dr. Manuel Romero Caballero.

Acerca de esta sala se desarrolla actualmente, por parte de un equipo integrado por investigadores y museólogos, un proyecto denominado "Ciencia y Arte en la Sala de Farmacia del Museo Nacional de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay", cuyo objetivo fundamental consiste en la realización de un estudio histórico de esta, con vistas a su caracterización general, incluyendo sus antecedentes, que facilite la elaboración de un catálogo detallado.

Los integrantes del Proyecto desean hacer llegar sus agradecimientos a todos aquellos que de una forma u otra han colaborado en la ejecución del mismo, en especial a los compañeros de la Agrupación Constructiva que, no solo participaron en las obras de restauración, sino que además colaboraron en el traslado de los huacales. Al igual que en el día de hoy se reinaugura esta sala es nuestro deseo que experiencias similares puedan hacerse extensivas a otras salas, en particular la antigua sala de sesiones de la Real Academia que, dado su crítico estado constructivo se haya cerrada en espera de su restauración.

 

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