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Proceso, enfermedad, afección

Por Magali González Camacho

Proceso es un vocablo del idioma español, formado a partir del latín processus, forma nominal procedente, a su vez, del verbo procedo, cuya significación es “adelantarse”, “avanzar”, “presentarse” y también “transmitir el tiempo”, “procesar”, “prolongarse”, “dar determinado resultado”. Processus, por tanto, es la progresión, la acción de progresar, de ir adelante, de avanzar; incluso puede usarse como “feliz resultado”.

En vista de la procedencia de la palabra proceso, es evidente que no existe razón etimológica que justifique el uso que un buen número de personas, sobre todo de nuestro sector de la salud le han conferido a dicho término, como sinónimo de “enfermedad”, “trastorno”, “perturbación”, “afección”.

Así nos hemos encontrado con mucha frecuencia frases como estas:

  1. - La causa del proceso hay que buscarla en un mal funcionamiento del sistema endocrino.
  2. - La propagación del proceso a otros órganos es inevitable.

En español, proceso se utiliza para referirse a las fases sucesivas de un fenómeno, indica, en todo caso, sucesión, progreso, transcurso del tiempo. Significa también, en términos forenses, causa civil o criminal, conjunto de los autos y escritos de una causa. En cualquier diccionario de sinónimos de dicha especialidad se hallan las equivalencias de esta palabra, según sus dos significados fundamentales: a) “causa”, “pleito”, “sumario”, “atestado”; b) “transcurso”, “paso”, “carrera”, “desarrollo”, “progreso”.

Como podemos analizar, por ninguna parte se encuentra justificación para el uso del vocablo en los ejemplos citados en el ámbito de la Medicina.

Proceso nunca es sinónimo de enfermedad, de afección, y no es admisible su uso en ese sentido. Se debió escribir pues:

  1. - La causa del trastorno hay que buscarla en un mal funcionamiento del sistema endocrino.
  2. - La propagación de la afección a otros órganos es inevitable.

Todo lo antes expresado no significa que no pueda decirse, por ejemplo: “el proceso morboso”, “el proceso infeccioso”, “el proceso maligno”, “el proceso destructor”. En estas formas se acepta el empleo de “proceso” -como recurso estilístico para hacer menos monótona la exposición- pero se debe ser cuidadoso en su uso, pues el sentido figurado es elemento que puede hacer peligrar la exactitud de un trabajo científico. Obsérvese que en estos casos “proceso” representa, metafóricamente, la sucesión de hechos o acontecimientos que se presentan uno tras otro, y se refiere a enfermedad o trastorno, pero siempre va acompañado de un adjetivo (“morboso”, “maligno”…etc.) que lo especifica, lo concreta.

 

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