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Historia de la Medicina

Título: Ernesto Guevara de la Serna: su historia como médico revolucionario

Autores: Eduardo Rojas Álvarez
Ariadna Pérez Ruiz
Ivette González fajardo
Yamilka Miranda Pérez

Facultad de Ciencias Médicas Dr. Ernesto Guevara de la Serna. Pinar del Río

Resumen:
Motivados por la necesidad de conocer nuevas facetas relacionadas con la vida y obra de Ernesto Che Guevara que nos acercaran mucho más a su figura se realizó una investigación con respecto a su actuar como médico, con el objetivo de demostrar que la unidad médico-revolucionario se pone de manifiesto en el Che. Para ello se analizó este aspecto de su vida en tres etapas: su carrera de medicina y los primeros años de graduado, la lucha guerrillera previa al triunfo de 1959 y el proceso revolucionario después de este, arribando a la conclusión de que la combinación médico-revolucionario se pone de manifiesto en el Che en su más alta expresión, siendo difícil separar un elemento de otro y que a pesar de que no tuvo la oportunidad de una práctica constante de su profesión tuvo siempre presente en su actuar y pensar que era médico.

Introducción
En nuestro país existen innumerables personalidades y hechos que ejemplifican la riqueza de nuestra historia. Ernesto Che Guevara es una de estas figuras. Sin duda alguna en ocasiones se hacen repetitivas las facetas que se estudian con respecto al Guerrillero Heroico, casi siempre encausadas a su actuar revolucionario de forma general. Por ello, nos hemos propuesto en esta investigación exponer un aspecto de su vida muy poco conocido: el Che médico, estimulados aun más por el hecho de que estudiamos esta carrera universitaria y nuestra facultad lleva su nombre.
Difícil resulta recrear esta arista de su vida si tenemos en cuenta que no ejerció como médico de forma constante, además existe muy poca información con respecto al tema.

Desarrollo
1ra Etapa
Nacido en la ciudad argentina de Rosario el 14 de junio de 1928. Su crónica afección asmática padecida desde su más temprana infancia, que tanto ayudaría a forjarle el carácter y su afán incesante de conocer al hombre en todas sus dimensiones, lo llevaron a los diecinueve años de edad a matricularse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Durante los estudios médicos, va a unir el trabajo a su aprendizaje oficial. En el primer año labora como oficinista en la Municipalidad de Buenos Aires y en el segundo ya lo hace en el Instituto de Investigaciones Alérgicas bajo la dirección del eminente alergólogo doctor Salvador Pissani, donde se mantendrá hasta el final de la carrera.
Algunas de las investigaciones en que interviene serán publicadas en la revista Alergia como “Sensibilización de cobayos a pólenes por inyección de extracto de naranja”. Su interés siempre mantenido de conocer nuevos horizontes geográficos y sociales lo induce a trabajar durante sus vacaciones como enfermero en barcos de la marina mercante en viajes por puertos nacionales. Terminado el cuarto año de sus estudios universitarios emprende con su amigo el bioquímico argentino Dr. Alberto Granados un viaje de nueve meses por Argentina, Bolivia, Chile, Perú, principalmente el Amazonas peruano, Colombia y Venezuela. En este azaroso recorrido el hombre de laboratorio que ya se formaba se formaba se impregna con la tragedia médico-social de los leprosorios de San Pedro, Cerritos, Diamante y general Rodríguez, en plena selva amazónica, para comprobar que esa tragedia se extendía también hasta los suburbanos de Córdoba, Posadas y Rupa Nui.
A su regreso a Buenos Aires, en septiembre de 1952, matricula por la enseñanza libre las catorce asignaturas de los dos años que le faltan por terminar, lo que logra exitosamente y se le extiende el título de Doctor en Medicina el 1 de junio de 1953.
Convencido de que la función social de la medicina era lastrada por los regímenes políticos burgueses imperantes en América Latina se decide a participar en el ensayo socialista de Guatemala bajo los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbens. Allí trabaja en el Centro Médico de Maestros y puede vivir la experiencia del crimen imperialista sobre el sueño de libertad del pueblo guatemalteco.
En México, donde se refugia, labora en el Hospital Central del Distrito Federal, en el Laboratorio del Hospital Francés y en el Centro de Investigaciones Alérgicas del Instituto de Cardiología junto al eminente profesor Mario Salazar Mallén, con el que publica entre otros trabajos el titulado “Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos”, publicado en la Revista Iberoamericana de Alergología, que mereció premio.
“Hace algunos años, el investigador argentino Salvador Pissani, trabajó con alimentos semidigeridos perfeccionando una técnica propia que le permitió obtener grandes éxitos terapéuticos y fundamentar todo un cuerpo de doctrina basada en la importancia de las sensibilizaciones alimentarias en el proceso del estado alérgico. Debido a que la técnica expuesta en este trabajo se basa en todo lo conocido sobre la investigación del Dr. Pissani, con quien colaboré durante varios años en la Argentina, esquematizaré sus conceptos fundamentales. El origen del estado alérgico sería una disposición anormal de la mucosa del tubo digestivo, cuya hipermeabilidad permite” (1).
La hemeroteca de la Sociedad Médica del Hospital General de México donde ejerció el joven doctor Ernesto Guevara, conserva los originales de este y otros trabajos de investigación realizados por Ernesto.
El profesor Salazar Mallén era un devoto de su profesión y quería que Ernesto Guevara se entregara como él a la medicina, en cuerpo y alma, porque consideraba, con sobrada razón, que aquel muchacho tenía mucho talento para la investigación. “Tanto quería el Maestro a Ernesto que lo hacía acompañarnos a las excursiones, casi todas relacionadas con eventos sobre su especialidad médica que se celebraban en otros estados del país. Mi hija, entonces muy pequeñita, y desgraciadamente también fallecida, tenía encanto con Ernesto y él con ella. La subía a la espalda y caminaba grandes tramos con ella a cuestas, simplemente para complacerla en sus intereses infantiles; él era muy amable y respetuoso. Cuando el Profesor hablaba con otras personas que Ernesto no conocía, enseguida se separaba del grupo, y si Mario no lo llamaba, no tomaba parte de la conversación aunque dominara perfectamente el tema en cuestión. Incluso nosotros lo invitamos tan pronto llegó a vivir en esta casa donde había espacio y comodidades para él, pero Ernesto rehusó. Dijo que no estaba bien que un alumno viviera en la misma casa de su profesor, que el Maestro necesitaba privacidad y que había ciertas distancias que guardar; no hubo forma de convencerlo de que viniera con nosotros, él prefirió quedarse dentro de un saco de dormir sobre una cama de reconocimiento en un cuartico pequeño de consulta e instrumentos en el Hospital, hasta que tuvo su propio departamento”. (2)
Muchos amigos tuvo el Che en México, médicos jóvenes que al igual que él eran alumnos del profesor Salazar Mallén. En la actualidad, casi todos aquellos alumnos internistas o residentes, agrupados alrededor de Salazar Mallén, junto a Ernesto Guevara, son profesionales de renombre, al igual que otros colegas del Che en el Perú durante su paso por la tierra del Inca cuando se desempeñó como alumno de Medicina en la especialidad de leprología, e integró un núcleo de estudiosos encabezados por el doctor Hugo Pesce, también una eminencia en medicina tropical y un hombre de avanzado pensamiento político, teórico-marxista.
Compañeros del doctor Ernesto Guevara –en la rama de la medicina- tanto en Perú como en México, coinciden en que Ernesto estaba profundamente interesado en la medicina, en su función social, y que tenía madera de investigador, aunque la política dominaba el campo de su mente extraordinariamente analítica.
En estas funciones se encuentra cuando conoce a Fidel Castro, hecho este que cambiara el curso de su vida y le dará dimensión histórica insospechada en aquellos momentos. Más tarde escribiría: “Entonces me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario o para ser revolucionario lo primero que hay que tener es Revolución”. Y se dispuso a tenerla con sus nuevos amigos cubanos.

2da Etapa
en Cuba es indudable la labor que como médico tuvo en la lucha revolucionaria. Desde los primeros momentos que llegó a nuestra patria se manifiesta su deber como médico revolucionario. La siguiente cita muestra su labor en la cura de heridos.
“Mi tarea en aquella época, como médico de la tropa, era curar las llagas de los pies heridos. Creo recordar mi última cura en aquel día. Se llamaba aquel compañero Humberto Lamotte y esa era su última jornada. Está en mi memoria la figura cansada y angustiada llevando en la mano los zapatos que no podía ponerse mientras se dirigía del botiquín de campaña hasta su puesto”. (3)
Es lógico que en algunos momentos existiera el dilema: ¿Médico o revolucionario?, porque indiscutiblemente estuvo ante situaciones que propiciaban la existencia de esta interrogante.
“Quizás esa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas. Recuerdo perfectamente a Faustino Pérez, de rodillas en la guardarraya, disparando su pistola ametralladora ”. (4)
En la guerra existen determinadas situaciones en las cuales las actitudes a asumir no son las mismas vistas desde dos puntos de vista: la ética militar y la ética médica, aunque hay puntos que convergen. Con respecto al deber médico de curar soldados enemigos reflexionó:
“Llegamos hasta el batey donde tomamos prisionero a los dos soldados que habían escapado a mi ametralladora y también al médico y su asistente. Con el médico sucedió un caso curioso: mis conocimientos de medicina nunca fueron demasiado grandes; la cantidad de heridos que estaban llegando era enorme y mi vocación en ese momento no era la de dedicarme a la sanidad; sin embargo, cuando fui a entregarle los heridos al médico militar, me preguntó cuántos años tenía y acto seguido, cuándo me había recibido. Le expliqué que hacía algunos años y entonces me dijo francamente: ”Mira, chico, hazte cargo de todo esto, porque yo me acabo de recibir y tengo muy poca experiencia”. El hombre, entre su inexperiencia y el temor lógico de la situación, al verse prisionero se había olvidado hasta la última palabra de medicina. Desde aquel momento tuve que cambiar una vez más el fusil por mi uniforme de médico que, en realidad, era un lavado de manos”. (5)
Como es natural un médico al estar en la guerra vincula su profesión con la situación en que se encuentra, aplica sus conocimientos a la estrategia militar, y esto hizo el Guerrillero Heroico, manifestado en su libro “La guerra de guerrillas” donde aborda temas como: “La escuela de entrenamiento del guerrillero y la sanidad" y "La organización sanitaria de la guerrilla”, de este último tomamos este fragmento.
“Uno de los graves problemas que confronta el guerrillero es su indefensión frente a todos los accidentes de la vida que lleva y sobre todo frente a las heridas y enfermedades, muy frecuentes en la guerra de guerrillas. El médico cumple en la guerrilla una función de extraordinaria importancia, no sólo la estricta de salvar vidas, en que muchas veces su intervención científica no cuenta, dados los mínimos recursos de que está dotado, sino también en la tarea de respaldar moralmente al enfermo y de hacerle sentir que junto a él hay una persona dedicada con todos sus esfuerzos a aminorar sus males y la seguridad de que esa persona va a permanecer al lado del herido o enfermo hasta que se cure o pase el peligro”. (6)

3ra Etapa
Apenas dos semanas después de la victoria, el 18 de enero, era recibido en el Colegio Médico Nacional y se le declaraba “Médico Cubano Honorario”. Muy diversos cargos militares y civiles, de decisiva importancia entre estos últimos de la Presidencia del Banco Nacional en momentos de la nacionalización de las grandes empresas del país y de Ministro de Industrias en instantes en que se trataba de asentar las bases de una verdadera industria nacional, no le impidieron dar a conocer su pensamiento médico social.
En una conferencia, en agosto de 1960, que después ha sido titulada ”El médico revolucionario”, expone las bases de su concepción de una medicina de esencia social y proyección humanista. Él, formado científicamente en la investigación de laboratorio, nos dirá en ella su impresión.
“Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera como médico, hace ya algunos años. Y cuando me inicié como médico, cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que hoy tengo como revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.
Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, soñaba con trabajar infatigablemente para conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad, pero que en aquel momento era un triunfo personal. Era, como todos somos, un hijo del medio.
Después de recibido, por circunstancias especiales y quizá también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Salvo Haití y Santo Domingo, todos los demás países de América han sido, en alguna manera, visitados por mí. Y por las condiciones en que viajé, primero como estudiante y después como médico, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por la falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuo, hasta hacer que para un padre perder a un hijo sea un accidente sin importancia, como sucede muchas veces en las clases golpeadas de nuestra patria americana. Y empecé a ver que había cosas que, en aquel momento, me parecieron casi tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer algún aporte substancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente”. (7)
Para indicarnos como pasar de una medicina individual y curativa a una verdadera promoción y prevención de salud en la sociedad expresó lo siguiente:
“El principio en que debe basarse el atacar las enfermedades, es crear un cuerpo robusto, pero no crear un cuerpo robusto con el trabajo artístico de un médico sobre un organismo débil, sino crear un cuerpo robusto con el trabajo de toda la colectividad, sobre toda esa colectividad social. El médico, el trabajador médico, debe ir entonces al centro de su nuevo trabajo, que es el hombre dentro de la masa, el hombre dentro de la colectividad”. (8)
Con respecto al valor del ser humano:
“Comprendimos perfectamente que vale, pero millones de veces más la vida de un solo ser humano, que todas las propiedades del hombre más rico de la tierra. Y lo aprendimos nosotros, lo aprendimos nosotros, allí, nosotros que no éramos hijos de la clase obrera ni de la clase campesina”. (9)
Aunque las nuevas responsabilidades que asumía en los primeros años de la Revolución ocupaban la mayor parte de su tiempo, se mantenía actualizado acerca de su profesión y en una ocasión escribe una carta a una revista de publicaciones médicas.
“Tengo otra curiosidad: ¿Cómo pueden imprimirse 6,300 ejemplares de una revista especializada, cuando ni siquiera hay esa cantidad de médicos en Cuba? Me salta una duda que lleva a mi ánimo a los umbrales de una psicosis neuro-económica: ¿Estarán las ratas usando las revistas para profundizar sus conocimientos psiquiátricos o templar sus estómagos; o tal vez cada enfermo tenga en su cabecera un tomo de la publicación? En todo caso hay 3,000 ejemplares de más en el número de la tirada; te ruego que pienses sobre esto. En serio, la revista está buena, la tirada es intolerable. Créemelo porque los locos dicen siempre la verdad”. (10)
Lo imperioso de otras tareas que lo llevaron a participar en la lucha guerrillera de liberación en África y en Bolivia, hasta entregar heroicamente su vida en esta última el 8 de octubre de 1967, impidió que el “Che” Guevara completara el desarrollo de su pensamiento médico social y que pudiera ser aplicado en cada una de las etapas del devenir histórico de nuestra salud pública revolucionaria. Sin embargo queda lo que nos dejara sobre tan importante tema en sus discursos, conferencias y escritos, que forman parte hoy de lo más importante del pensamiento médico social cubano.

Referencias bibliográficas
(1) ROJAS MARTA, Periódico Granma, 14 de junio de 1989.
(2) ROJAS MARTA, Periódico Granma, 14 de junio de 1989.
(3) ROJAS MARTA, Periódico Granma, 14 de junio de 1989.
(4) GUEVARA ERNESTO, “Pasajes de la Guerra Revolucionaria.” Obras. 1957-1967. Casa de las Américas. La Habana. 1970. Tomo I. Pp. 198 y 200.
(5) GUEVARA ERNESTO, “Pasajes de la Guerra Revolucionaria.” Obras. 1957-1967. Casa de las Américas. La Habana. 1970. Tomo I. Pp. 199.
(6) GUEVARA ERNESTO, “Pasajes de la Guerra Revolucionaria.” Obras. 1957-1967. Casa de las Américas. La Habana. 1970. Tomo I. Pp. 267 y 268.
(7) GUEVARA ERNESTO, “La Guerra de Guerrillas.” Obras. 1957-1967. Casa de las Américas. La Habana. 1970. Tomo I. Pp. 109-113.
(8) GUEVARA ERNESTO, “Discurso en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio de Salud Pública el 20 de agosto de 1960.” Periódico HOY 21 de agosto, 1960.
(9) GUEVARA ERNESTO, “Discurso en el acto de inauguración del curso de adoctrinamiento organizado por el Ministerio de Salud Pública el 20 de agosto de 1960.” Periódico HOY 21 de agosto, 1960.
(10) GUEVARA ERNESTO, “Carta enviada al Dr. Eduardo B. Ordaz Ducungé”, 26 de mayo de 1964. Obras. 1957-1967. Casa de las Américas. La Habana. 1970. Tomo II. P. 688.

 

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