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De la Historia

Mario Muñoz: un galeno a la altura de su tiempo

Autores:
Yurian Gbnou Morgan *
Diana Romy de Quesada Iraizoz *

* Estudiantes del 4to. Año. G-42, de la Facultad de Estomatología


Es muy frecuente en nuestros días encontrar innumerables obras sociales que llevan el nombre de Mario Muñoz, así nos toca muy de cerca a nosotros los estudiantes de Ciencias Médicas que muchas instalaciones hospitalarias lleven el nombre de este glorioso mártir del Moncada; además, nos gratifica que sea el nombre del movimiento que agrupa a los estudiantes graduados con excepcional rendimiento, los cuales cumplen su servicio social en los parajes más intrincados de la geografía cubana, sin contar que el tercer frente de lucha guerrillera en la Sierra maestra, dirigido por Juan Almeida, llevó su nombre y por demás todo cubano con conocimientos básicos de historia conoce que fue uno de los mártires caídos en el asalto al cuartel Moncada. Sin embargo, a nuestro modesto juicio, existen muchas facetas de su vida, ya sea como hombre, médico o como revolucionario, que no son conocidas por la mayoría de las personas, y por tal motivo, ponemos a consideración de ustedes aspectos significativos de su fecunda vida.

Mario Muñoz Monroy nace el 26 de julio de 1912 en Colón, Matanzas. Sus padres eran de origen campesino y durante su infancia disfruta de una posición media (1). Durante el Machadato Mario decide interrumpir sus estudios de Medicina en la Universidad de La Habana y se incorpora al Directorio Estudiantil, donde realiza tareas revolucionarias. Una de las actividades fue la colocación de una ofrenda floral en el mausoleo de los mártires de la Patria, el 26 de julio de 1933, al cumplirse un año del asesinato de los hermanos José Ramón y Narciso Álvarez por las fuerzas de la guardia rural. Además, participa en la distribución clandestina del periódico Alma Mater en Matanzas y en la tala de los postes telefónicos que corrían paralelos a la línea de ferrocarriles del tramo Colón-Los Arabos y su colocación en la vía férrea, la cual paralizó el tránsito durante varias horas.

Al abuelo, como lo apodaban sus condiscípulos a causa del prematuro encanecimiento de sus cabellos, el 16 de marzo de 1942 le fue expedido el título de Doctor en Medicina, y ya había vivido en el inquieto ambiente universitario, en unas de las etapas más ricas de la historia de Cuba, cuya enseñanza ayudó a madurar sus ideas revolucionarias.

El recién graduado doctor Muñoz decidió ejercer la medicina en su pueblo natal, lugar donde llegó en septiembre del año 1942. El 8 de marzo de 1943 el alcalde lo nombró como sustituto del médico que se desempeñaba en la Casa de Socorro del pueblo. A pesar de que la plaza fija le garantizaba un salario de 120 pesos, renunció a ella un año después, esta fue su manera de protestar ante las presiones del alcalde para que influyera sobre los pacientes con el objetivo de obtener cédulas electorales o votos a favor de su partido.

La primera transfusión de sangre en Colón se realizó en el hospital San Fernando en 1943, y el doctor Mario Muñoz, emprendedor y decidido, ya prestaba ese vital servicio un año después de instalado su consultorio. Fue miembro de la Orden Centauro, organización sanitaria con estructura nacional y en 1944 fue nombrado Médico Honorífico del hospital San Fernando. Una vez que se inscribió en el Colegio Médico, fue designado vocal del mismo y por sus méritos y consagración llegó a ser su presidente en 1948.

Ni su desahogada posición económica ni sus éxitos en el plano profesional le hicieron volver la espalda a la situación del país. En 1948, se afilia al partido Ortodoxo y en él deposita todas sus esperanzas. Y precisamente, en este mismo año (1948), durante la campaña presidencial, conoce a Fidel. Después de la asonada militar de 1952, su pensamiento político se radicaliza en su totalidad (2).

Roberto Muñoz (su hermano) y los amigos más cercanos de Mario recuerdan que los días anteriores a la partida hacia Santiago de Cuba se veía alterado y manifestaba constantemente:
“…a Batista no se tumba con elecciones sino con las armas…” (3)
Ya en el hospital Saturnino Lora, Mario se instala en la habitación 8 para atender a los heridos. A pesar de la tensión del momento, el médico del Moncada se interesó por el estado de las pacientes antes de abandonar el local, dando muestras de su gran humanismo y sentido del deber como profesional de la salud (2).

En “La Historia me absolverá", Fidel expresó:
"…El primer prisionero asesinado fue nuestro médico, el doctor Mario Muñoz que no llevaba armas ni uniforme, y vestía su bata de galeno, un hombre generoso y competente que hubiera atendido con la misma devoción tanto al adversario como al amigo herido…" (4).

Dondequiera que se honre la memoria del Médico del Moncada, se prolonga su legado de vida y esperanza (2). Su ejemplo está presente en cada médico o estomatólogo que cumplen misión internacionalista en los más recónditos parajes del mundo; en el espíritu solidario de todo el personal vinculado al sector de la salud, por servirle incondicionalmente a la Patria; se multiplica en ese ejército de batas blancas que cumple su servicio social en los lugares más apartados del país y en la sin igual abnegación que día a día demuestran nuestros galenos, quienes, a pesar de las dificultades, han sabido mantener un sostenido avance en las diferentes ramas de la Medicina, poniendo en lo más alto el nombre de Cuba, ya sea nacional o internacionalmente. Por eso, no es casualidad ver a los estudiantes de Ciencias Médicas de toda la Isla, obtener buenos resultados académicos, al calor de una colosal Batalla de Ideas y en el fragor de la lucha por la liberación de los 5 héroes detenidos injustamente en cárceles de EUA. Estas actitudes demuestran que somos dignos continuadores del sendero que nos trazó, con su sangre, el doctor Mario Muñoz Monroy.

Bibliografía

1.Rodríguez Sosa, Fernando. El Médico del Moncada. Juventud Rebelde, 28 de julio del 2001.
2.Marrero Cruz, Eduardo y Hernandez Miriam. El Médico del Moncada. Ed.Verde Olivo, La Habana, 2000, 261pp.
3.Mendía, Mario. El Grito del Moncada. Ed. Política, La Habana,1980, 341pp.
4.Castro Ruz, Fidel. La Historia me absolverá. Ed. Ciencias Sociales,176pp.

 

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