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JOAQUÍN ALBARRÁN DOMÍNGUEZ, Padre de la Urología Cubana


Cofundador de la Urología Moderna, junto al célebre cirujano y urólogo francés,
profesor Félix Jean C. Guyón

Por Magali González Camacho

Nacido un 9 de mayo de 1860, en Sagua la Grande, antigua provincia de Villa Clara, fue este médico un modelo de elevación moral y dignidad profesional, un incansable investigador que supo darle lauros a la patria, con sus claros y sólidos conocimientos anatomopatológicos de Urología.

Al doctor Albarrán se le sitúa en lugar cimero dentro del campo de las innovaciones (plantea cambios tecnológicos en el litoscopio de Max Nitze, además de ser autor de varios accesorios quirúrgicos y un considerable número de técnicas operatorias.

Proyecta y realiza una gran cantidad de trabajos relacionados con la infección de las vías urinarias y las neoplasias de la próstata, la vejiga y el recto. Trabaja en numerosas publicaciones en las que aparecen artículos, monografías y otros materiales de interés científico, no solo relacionados con la Urología, sino también referentes a otras ramas de la medicina. Su obra cumbre fue “Exploración de las funciones renales”.

Albarrán se consagra como autor de más de 344 trabajos científicos sobre medicina, los cuales realiza durante 32 años de continuas investigaciones (1878-1910); políglota erudito y hombre de porte elegante y varonil, llamaba la atención de las mujeres de la opulencia y aristocrática sociedad francesa, donde vive casi toda su vida, sin olvidar jamás a la cálida tierra que lo vio nacer.

A los 17 años de edad (mostrando una sorprendente y admirable precocidad mental), obtiene en Barcelona, España, la Licenciatura en Medicina; a los 18, en la ciudad madrileña se convierte en Doctor en Medicina, e inicia su brillante carrera que más tarde continúa en Francia, donde se gradúa por segunda vez de Doctor en medicina.

En París obtiene triunfos nunca antes alcanzados por médicos extranjeros; su curriculum vitae es uno de los más extraordinarios registrados hasta ahora en los Anales de la Academia de Ciencias y la Facultad de Medicina franceses.

Identificado como el Siglo de Oro de la medicina francesa, el siglo XIX se destaca por la representatividad del fructífero trabajo desarrollado por eminentes personalidades de la docencia médica. A este grupo de relevantes urólogos pertenece nuestro prominente especialista cubano, quien a pesar de trabajar durante casi toda su vida en la capital francesa e incluso adoptar la ciudadanía de este país, siempre tuvo en su mente a la patria, a la cual lega, antes de su muerte, todos los trofeos académicos que había conquistado.

En el aspecto docente, en el año 1906 alcanza la más alta jerarquía universitaria: Profesor Titular de la Cátedra de Medicina de la Universidad de París, donde se reconoce como el profesor más joven del grupo, además de ser ya por esa época, el primer cirujano urólogo del mundo.

Existe una anécdota relacionada con el doctor Joaquín Albarrán que pudiera parecer insólita, si la historia médica no la re cogiera con la exactitud que aparece registrada. Ocurrió un domingo del mes de marzo de 1885 y tuvo como escenario el Hospital de Niños Enfermos de París: el joven médico se encontraba al frente del Servicio de Difteria, desprovisto de los elementales recursos médicos y técnicas que tal enfermedad demandaba -ni siquiera se conocían entonces la vacuna ni el suero antidiftérico-.

Para evitar la asfixia de los pacientes, causada por las toxinas del terrible bacilo de Cruz, se aspiraba directamente del fondo de la garganta, de las falsas membranas diftéricas, a través de un tubo niquelado de 8 mm de diámetro y 20 mm de longitud. Además de este recurso médico en aquel momento se aplicaba ya la intubación o la traqueotomía.

En heroico acto de humanidad y profesionalismo, el valiente galeno se contagia para salvar a un niño diftérico que se ahogaba. Al sentirse enfermo, sin posibilidades de disponer del personal facultativo necesario, por ser domingo y estar en su servicio de guardia, solicita a dos Hermanas de la Caridad y a un enfermero que allí se encontraba, así como el instrumental esterilizado necesario.

Con mano firme y segura, auxiliado solamente por el enfermero que le sostuvo el espejo, el decidido médico se abrió la tráquea para seguidamente introducir la cánula y llevar a cabo el procedimiento requerido. Luego practicó la cura y dio por terminada su autooperación.

Este hecho que no admite comentario alguno, solo podría acompañarse de este criterio expresado por Verneuil: “No hay operación más difícil que la traqueotomía”.

Así, con esa extraordinaria seguridad en sí mismo y formidables nervios de acero, se ha consagrado en la posteridad este excelente cirujano, que supo entregar a la urología moderna todo el caudal de su inteligencia, esfuerzos y conocimientos.

Joaquín María Albarrán y Domínguez, representa a uno de los legítimos valores de la Medicina Mundial. Su valioso trabajo científico y su vida misma constituyen un formidable ejemplo para las actuales generaciones de médicos.

Cuando su potencia intelectual se hallaba en plena madurez y ya había sido propuesto para recibir el Premio Nobel, fallece un 17 de enero de 1912, a los 51 años de edad, afectado mortalmente de tuberculosis.

En la Historia de la Medicina Cubana, Albarrán, el primer cirujano urólogo del mundo, ocupa una de las páginas más brillantes. Nuestra ofrenda a su destacado legado, será siempre admiración, agradecimiento y profundo respeto.

No por gusto, señalaron dos de sus colegas:“Su genio resplandecía como el sol brillante de su país tropical” (profesor Duval) y “Sois de los destinados a vivir más allá de la tumba. La obra que habéis realizado durante vuestra corta existencia preservará vuestro nombre del olvido” (profesor Guyón).

DISTINCIONES OBTENIDAS POR EL DOCTOR ALBARRÁN

. Premio Extraordinario del Doctorado Hors de París, en Madrid (1878).
. Premio Godard de la Academia de Ciencias de París, en tres ocasiones: (1884, 1893, 1903).
. Delegado por la Facultad de Medicina de París, al Congreso Internacional de Medicina de Moscú (1885).
. Medalla de Oro de Cirugía de los Hospitales de París (1887), premio no alcanzado hasta entonces por ningún extranjero.
. Premio de la tesis de Doctorado, Medalla de Plata de la Facultad de Medicina de París (1889).
. Premio Oulmont, de la Academia de Medicina de París (1889).
. Académico de Mérito de la real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1890).
. Laureado por la Academia de Medicina de París en tres ocasiones, con el . Premio Tremblay (1897, 1899, 1904).
. Premio Barbier de la Facultad de Medicina de París (1897).
. Vicepresidente de la Asociación Francesa de Urología (1898).
. Oficial de la Legión de Honor (distinción otorgada por el Gobierno Francés) (1907).
. Presidente del I Congreso Internacional de Urología, celebrado en París (1908).

 

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