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"La halitosis, mito o realidad"

Por: Dra. Maylén Reyes Guerra * dra maylen reyes
* Especialista de primer grado en Periodoncia. Profesora Asistente de la Facultad de Estomatología.


Halitosis (H) es un término general que se utiliza para describir la salida de aire fétido de la cavidad bucal en la expiración, independientemente que las sustancias de olor desagradable provengan de fuentes orales o no. Cuando la fuente proviene de la boca, se denomina halitosis oral. Si vamos a su origen la palabra halitosis viene del latín ¨halitus¨ exhalación o vapor y ¨osis¨ anormal o patológico, son sinónimos: mal aliento (MA), bromopnea, foetor ex ore.
La sociedad moderna es actualmente cada vez más exigente con la imagen de las personas, no solo en cuanto a la estética, sino también en cuanto a los olores corporales. El MA puede arruinar una comunicación social y laboral. Además puede afectar psicológicamente al individuo, llevándolo al aislamiento social o a evitar relaciones familiares o conyugales. De ahí que es tan importante su conocimiento, para poder aconsejar adecuadamente a nuestros pacientes y a la población en general.
El MA se conoce desde tiempos remotos y millones de personas lo padecen en el mundo, pudiendo ser fisiológico o matinal, transitorio o permanente. El primer autor que describió la halitosis como entidad clínica fue Howe en 1874; desde entonces muchos han sido los investigadores que han evaluado la halitosis, considerada hoy día un síntoma y un signo común a muchas enfermedades.
Así como es de antológica, muchas han sido las controversias acerca de su patogenia y origen. Hoy se atribuye un 90% al origen bucal y un 10% procedente de las vías nasofaríngeas, digestivas o asociada a alimentos, hábitos, enfermedades sistémicas, medicamentos e incluso se habla de los llamados ¨Halitos fóbicos¨, por decir de fuentes no identificadas.
De lo que sí no nos cabe duda, es de que el principal origen del mal aliento es bacteriano y los principales productos relacionados con el mismo son los llamados componentes volátiles sulfurados (CVS): sulfuro de hidrógeno, metilmercaptano y dimetil disulfuro. Otros productos que pueden producirlo son diaminas como: putrescina y la cadaverina y ácidos orgánicos: acético, propiónico y valérico. Estas moléculas son el producto final de la actividad metabólica de bacterias gram - anaerobias estrictas (Porfhyromona gingivalis, Prevotella intermedia, Bacteroides forsithus, Fusobacterium nucleatum, Treponema dentícola); las principales localizaciones de esta microflora son dorso posterior de la lengua, la saliva, la placa dental bacteriana, y sobre todo, las bolsas periodontales; sobre aminoácidos que contienen grupos sulfuro (cistina, cisteína o metionina) procedentes de la degradación de proteínas y péptidos.
A partir de proteínas de la dieta, saliva y el fluido que baña el surco gingival; enzimas bacterianas y del propio hospedero hidrolizan estas proteínas en péptidos y posteriormente en aminoácidos ricos en azufre, que, junto a productos del metabolismo asacarolítico (como fuente de energía utilizan aminoácidos en vez de carbohidratos) de los gérmenes anaerobios, producirán los CVS.
Esta hidrólisis se ve favorecida por un medio alcalino (ayuno) y por una reducción de la concentración de oxígeno (sueño, escaso fluido salival). La deficiente higiene bucal, que se traduce en una acumulación de placa dental bacteriana, reduce la concentración de oxígeno y el potencial redox, lo que contribuye al crecimiento y desarrollo de bacterias gram – anaerobias reductoras de sulfato. El pH de la cavidad bucal también regula la formación de CVS, pH controlado por dos tipos de sustrato: carbohidratos fermentables y proteínas, la degradación de los primeros reduce la concentración de oxígeno y el potencial redox, favoreciendo de este modo el catabolismo asacarolítico de los gérmenes anaerobios.
Los hábitos tóxicos como el tabaco y el alcohol disminuyen la secreción salival, reduciendo la dilución de los CVS. Por su parte las caries dentales y mayormente la Enfermedad Periodontal, conducen con frecuencia a halitosis marcada, ya que ambas afecciones suministran un mayor número de sustratos proteicos para que una mayor carga bacteriana sea capaz de hidrolizarlos y así emitir mayor número de sulfuros volátiles responsables del mal aliento.
Para tratar la halitosis se hace necesario un certero diagnóstico oral y sistémico, así como la individualización del caso; debemos sugerir la importancia de la dieta porque el ayuno prolongado, el poco consumo de líquidos y las dietas muy proteicas favorecen la aparición de halitosis. Respecto a la dieta existen algunos condimentos y especies aromáticas como: ajo, cebolla, brócoli, pimientos entre otros, que suelen producir una halitosis transitoria; la eliminación de hábitos como el café, tabaco y alcohol pueden evitar una halitosis muy característica que llega a ser permanente; las enfermedades sistémicas deben estar compensadas, pues es característico el aliento cetónico del diabético descompensado, y en otras como: la hernia de hiato, la cirrosis hepática, reflujos, bronquiectasias, tuberculosis, anemias, estados de deshidratación; en todas ellas puede presentarse la halitosis como signo acompañante.
Como el 90% de las halitosis es oral y su responsable la micro biota que convive en la cavidad bucal, se hace más necesaria la prevención mediante una adecuada y minuciosa higiene bucal que incluye el cepillado dental, el uso de sedas dentales cuando estén indicadas y la limpieza de la lengua; asistir periódicamente al estomatólogo para eliminar cualquier factor acumulador de bacterias, tales como: caries dental, obturaciones desbordantes, prótesis mal adaptadas, empaquetamiento de alimentos y las bolsas periodontales principal reservorio de microorganismos anaerobios.
Aunque en el mundo se orienten el uso de químicos específicos, caramelos aromatizados y spray, la verdadera terapia no está disponible en farmacias, sino en la prevención, el cambio hacia estilos de vida más saludables que nosotros y ustedes seamos juntos, capaces de lograr.

 

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