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Fotoreportaje

Carlos J. Finlay, figura insigne de la Medicina Cubana

POR: FRANCISCO VARGAS ROSELLÓ

imagen 1No se puede hablar de la historia de la medicina cubana, sin que se mencione a Carlos Juan Finlay Barrés, conocido en el mundo por su valioso descubrimiento del agente transmisor de la Fiebre Amarilla, ilustre científico, nacido el 3 de diciembre de 1833 en la ciudad de Puerto Príncipe, actual provincia de Camaguey.
Hijo del escocés, Eward Finlay, médico, graduado de las universidades de La Habana y de Lima, y de la señora Elizabeth de Barrés, natural de Puerto España, Trinidad Tobago, desarrolla sus primeros años de la infancia, respectivamente en La Habana y en los cafetales propiedades de su padre en Alquízar.
En 1844, con 11 años de edad es enviado a estudiar a Francia, de donde regresó a Cuba dos años más tarde debido a una enfermedad, no fue hasta 1848 que se incorpora de nuevo a sus estudios en el país europeo, también por un tiempo permaneció en Londres y luego regresó a Francia. En 1851 vuelve a La Habana convaleciente, esta vez con la Fiebre Tifoidea.
Por no poder incorporarse en la universidad de la Habana, fue a estudiar a Filadelfia, donde se doctoró en medicina el 10 de marzo de 1855; dos años más tarde revalidó su título en la universidad de la Habana.
Después de graduado, viaja con su padre para Perú, procurando mejores condiciones de vida. En corto tiempo, ya de regreso en Cuba, contrae matrimonio el 16 de octubre de 1865.
En su esplendente carrera comienza a ascender. Fue miembro de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, Secretario de la Sección de Ciencias y recibió distinciones por su trabajo.
Se cuenta que el zumbido de un mosquito a su alrededor, fue lo que lo motivó al estudio de este insecto, lo que dio lugar al descubrimiento del agente transmisor de la Fiebre Amarilla, conocido como Aedes Aegypti.
En la Conferencia Sanitaria celebrada en los Estados Unidos en 1881, Finlay anunció que la Fiebre Amarilla, sólo podía ser transmitida por un agente específico, su criterio fue expuesto sin hacer referencia al mosquito, el cual no se tomó en serio y se le trató con indiferencia, más tarde pudo demostrar que la hembra fecundada del mosquito era el agente transmisor.
En la Habana, Finlay, recomienda una campaña para combatir la enfermedad y en sus indicaciones, orientó aislar a los enfermos y puso en práctica los resultados de su teoría y de los experimentos que había realizado con voluntarios, el mal fue eliminado finalmente en La Habana en 1905 y en todo el país, en 1909.
Al eminente científico se le quiso arrebatar el éxito de su valioso descubrimiento y por muchos años fue ignorado, no fue hasta 1954 en el XIV Congreso Internacional de Historia y Medicina, celebrado en Roma, que se le concedió el reconocimiento como único descubridor del agente transmisor de la Fiebre Amarilla.
A Finlay se le conoce como el descubridor del causante de este mal, pero su empeño por el bienestar de los humanos llegó mucho más allá, también le dedicó tiempo al estudio y tratamiento de otras enfermedades, como la Tuberculosis, la Malaria y la visión.
Muchas instituciones relacionadas con la medicina, dentro y fuera de nuestro país, llevan su nombre en honor a su memoria; de igual modo se le rindió un tributo indeleble al declararse el 3 de diciembre “Día de la Medicina Latinoamericana” en recordación a su fecha de nacimiento.
En el municipio Marianao, territorio donde realizó sus experimentos, se le recuerda con los monumentos a la altura del puente Almendares y el Obelisco, erguido este último en la rotonda de 100 y 31. A pocas cuadras de este sitio, se encuentra el hospital militar, que también lleva su nombre.
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Museo Histórico de las Ciencias, “Carlos J. Finlay”

imagen 3A la altura del puente Almendares se le recuerda con este monumento.







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Obelisco Memorial “Carlos J. Finlay”
inaugurado el 4 de septiembre de 1944.












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