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MÉDICOS VS TABACO: DECLARACIÓN DE GUERRA

 

Autora: Dra. Yurmirka Caballero García

Especialista de 1.er Grado en Psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de La Habana “Cdte. Eduardo Bernabé Ordaz Ducungé”
Profesora Instructora

 

Humeante, seductor
Sutil y silencioso
Perverso, destructivo
Experto en más de una
manera de matar
Malvado y poderoso
Así es nuestro enemigo…

 

Para quienes tenemos la responsabilidad imperativa y éticamente impostergable de combatirlo, ya es hora de tomar las armas.

 

En la mayoría de los países, los médicos y otros profesionales de la salud son líderes que gozan de mucho respeto y ejercen una gran influencia, son estos profesionales los que tal vez tienen el mayor potencial de todos los grupos de la sociedad para promover una reducción del consumo de tabaco, y por tanto, una reducción de la morbilidad y la mortalidad  producidas por este hábito. (1)
Lamentablemente, muchos médicos no consideran que el control del tabaco forme parte de sus responsabilidades profesionales; por lo tanto, se limitan a tratar las enfermedades que el uso del tabaco produce. Un oncólogo puede salvar más vidas asumiendo un papel activo en la prevención del tabaquismo e involucrándose en actividades de control y lucha contra el hábito de fumar, que tratando durante toda su vida profesional a pacientes que padecen cáncer de pulmón.
Son cuatro las funciones básicas que pueden desempeñar los profesionales de la salud para controlar y erradicar la epidemia del tabaquismo: función modélica o ejemplar, función educadora, terapéutica y social. (1, 2)

 

Función modélica
Las conductas de los médicos con respecto a la salud, inciden de forma importante, ya sea negativa o positivamente sobre las conductas de salud de la población. En relación con el hábito de fumar, el médico no fumador provoca con su conducta que la gente no fume, ya que refuerza el mensaje de que el tabaco es perjudicial para la salud. Sin embargo, el médico que fuma y lo hace públicamente, ejerce una fuerte influencia negativa sobre los mensajes sanitarios en relación con el control y prevención del tabaquismo. Es por esto, que todos los profesionales de la salud debemos dar la importancia que merece el “papel ejemplar,” como promotores de hábitos de vida saludables.
La participación de los médicos en la prevención del tabaquismo debe ser activa y su intervención será más efectiva si actúan como modelos y se comportan como no fumadores.
 De hecho, en aquellos países donde las tasas entre los médicos son bajas, los porcentajes de fumadores en la población general han decrecido y existen datos de la disminución de la mortalidad causada por enfermedades derivadas del consumo de tabaco. (3-5)
 Cada médico tiene claros sus deberes y su responsabilidad con los pacientes. Las campañas de información al público sobre el daño que el tabaquismo causa a la salud, no serán convincentes si los médicos- como personas y como grupo profesional- son vistos como fumadores. La presencia continua de médicos fumando en una institución de salud, es un signo evidente de que esa institución no está comprometida socialmente con la protección de la salud pública.
Función educadora
Entre las medidas fundamentales utilizadas para fomentar la prevención y control del tabaquismo se destacan: la educación sanitaria a toda la población y el consejo médico impartido en el marco asistencial.
 El consejo médico destinado a los fumadores, que recomiende el abandono de fumar, es el instrumento de intervención más sencillo y económico. El consejo ha de ser breve, no durar más de 2 a 3 minutos, firme, dado con seriedad, claro, que sea fácilmente comprensible por la persona que lo recibe. Se destacarán siempre más los beneficios del abandono que los perjuicios para la salud si continúa fumando. Como apoyo del consejo médico puede aportarse material gráfico como guías prácticas y folletos informativos. (6)
 Una forma importante de luchar contra el tabaquismo pudiera ser  incluir estos temas en los planes de estudio de las Facultades de Medicina, haciendo que los futuros médicos tengan conocimientos y adquieran una  conciencia acabada sobre este flagelo y sobre las técnicas para tratarlo adecuadamente. (7)
 Es fundamental que el futuro médico conozca no solo las graves consecuencias que acarrea el hábito de fumar, sino también la importancia de prevenir, de concientizar al paciente que se acerca (fumador o no) sobre las consecuencias del hábito y de los severos daños que acarrea el tabaquismo.
La educación sanitaria debe trascender el marco asistencial, hablar sobre los peligros del tabaco y advertir sobre los riesgos de su consumo, es necesario hacerlo no solamente con los pacientes, sino con nuestros hijos, con los amigos, con los compañeros de trabajo, en los medios de comunicación, en debates públicos… El tabaquismo debe convertirse en tema obligado cuando hablamos de salud.
Función terapéutica
Nos corresponde a los médicos ayudar a los pacientes fumadores que quieran dejar de serlo. El proceso de abandono conlleva un cambio de conducta, es cambiar “el pensar” por “el actuar”. Debemos encontrar el modo de favorecer y estimular su motivación para dejarlo, ya que les ayudará a superar las situaciones que puedan incitarles a recaer.
El tabaquismo es una enfermedad adictiva que necesita tratamiento para romper la dependencia y este debe dirigirse no solo a los que acuden a buscar ayuda, sino a todos los grupos de riesgo.
El abordaje terapéutico incluye una serie de intervenciones, con medidas de autoayuda, consejo médico, terapia conductual, tratamientos con medicina natural (acupuntura, terapia floral, homeopatía) y los tratamientos farmacológicos que se han dividido en dos grupos: las terapias de sustitución de nicotina, que usa los chiclés y parches de esta sustancia, y un segundo grupo donde se incluyen los medicamentos. Dentro de los que han mostrado mayor eficacia se encuentra el bupropión, aunque se han usado otros como los antidepresivos, ansiolíticos, agonistas alfa-adrenérgicos como la clonidina y antagonistas opiáceos como la naltrexona. (8, 9)

Función social
Dada la magnitud que ha alcanzado la epidemia del tabaquismo en la actualidad, se considera que ha dejado de ser un problema estrictamente sanitario para convertirse además en un problema político, económico y social.
Los profesionales de la salud, en especial los médicos, tenemos un importante papel social, pues debemos estimular la acción. Nos corresponde discutir y plantear los problemas del tabaquismo, si es preciso, en todas las reuniones del colectivo de trabajo, nos corresponde tomar acuerdos para impulsar los Programas de Control del Tabaco; en la adopción de regulaciones legales con respecto al tema, mucho ha tenido que ver la opinión de los médicos.
En mayo de 1999, la 56 Asamblea Mundial sobre la Salud autoriza por unanimidad, a los países miembros de la OMS, llevar adelante el Convenio Marco para la lucha antitabáquica, con el objetivo de proteger a las generaciones presentes y futuras contra las devastadoras consecuencias sanitarias, sociales, ambientales y económicas del consumo de tabaco. Este tratado intergubernamental fue firmado por Cuba el 29 de junio del 2004. Es el primer tratado de Salud Pública del mundo y puede tener una repercusión histórica a nivel mundial. (9)
 Como parte de este Convenio, la OMS hizo un llamado a todos los profesionales sanitarios para implicarse activamente en la lucha contra el tabaquismo y propuso múltiples acciones para las Asociaciones Médicas, entre las que se incluye exigir el derecho a un ambiente libre de humo en las Instituciones de salud. (10)
Comencemos desde ahora a exigir ese derecho y hagamos desde hoy, nuestra declaración de guerra a este poderoso enemigo; mañana, pudiera ser demasiado tarde.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Simpson David. Los Médicos y el Tabaco: El Gran Reto de la Medicina. Totton, Humpshire, UK: Hobbs the Printers; 2002.
  2. Solano Reina S., Flores S., Ramos A., Pérez Amor E.  Funciones del Profesional de la Salud frente al tabaquismo. SEPAR. 2002.
  3. Cornellio O., Milles J. El tabaquismo y los médicos. Prensa Médica Argentina 2004; 84: 176-84.
  4. García Rueda M., Alcalde Ocaño A. B., Dorado Galindo A., Maza Ortega C., Miralles Lazano F., Valencia Rodríguez. Tabaquismo en profesionales sanitarios. Arch Bronconeumol 2004; 40:91-103.
  5. Salmerón Castro J., Arillo Santillán E., Campuzano Rincón J. C., Lazcano Ponce E. C. Tabaquismo en profesionales de la salud del Instituto Mexicano del Seguro Social. Salud Publ Mex 2002;44(1): 67-75.
  6. Rusell MAH, Wilson C., Coleman T., Wilson A., Taylor C. Effects of general practitioner’s advice against smoking. Br Med 1999; 2: 231-5.
  7. Richmond R. Teaching medical students about tobacco. Thorax 2004;54: 70-8.
  8. González R. Contra las adicciones. Clínica y terapéutica. La Habana: Editorial Científico-Técnica; 2004.
  9. Despaigne Tanguí B. Cómo vencer el tabaquismo. La Habana: Editorial Científico-Técnica; 2006.
  10. OPS. Tabaquismo: un desastre para la salud pública 2003; 9: 4-6.