Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos

Desequilibrio autonómico simpático en la patogenia del Síndrome Metabólico

 

AUTORES:

Est. José Omar de Armas García 1

Est. Leisys Rodríguez Llama 1

Est. Yailín Fernández Castro 1

TUTORES:

Dra. Milagros Lisett León Regal 2

Dr. Luis Alberto Mass Sosa 2

1 Estudiantes de 1er año de Medicina.

2 Especialista de Segundo Grado en Fisiología Normal y Patológica. Profesor Auxiliar

 

RESUMEN

El síndrome metabólico constituye una amplia asociación de trastornos de salud que elevan considerablemente el riesgo de enfermedades cardiovasculares y tiene como causa fundamental la resistencia a la insulina. Dado que el sistema nervioso autónomo interviene decisivamente en la regulación metabólica y cardiovascular, el desbalance autonómico simpático podría explicar el desarrollo de numerosas alteraciones metabólicas y cardiovasculares relacionadas con este síndrome. El presente trabajo actualiza la información existente acerca de la influencia del desequilibrio autonómico simpático en la patogenia del síndrome metabólico. Para desarrollarlo se realizó una búsqueda utilizando los principales gestores de información y recursos disponibles en la Biblioteca Virtual de Salud garantizándose la revisión de 30 artículos de publicaciones científicas y 2 libros. Se concluyó que el desequilibrio del sistema nervioso simpático desencadena y/o potencia los componentes más importantes del síndrome metabólico al inducir alteraciones patogénicas del metabolismo y la regulación cardiovascular.

PALABRAS CLAVE: Metabolismo, Insulina, Obesidad.

 

INTRODUCCIÓN

La modernidad, como proceso socio-cultural imbricado en numerosos aspectos de la vida del hombre, implica el afianzamiento de problemas de salud que podrían ser catalogados propios de nuestro tiempo, por su auge en la contemporaneidad vinculada a hábitos y estilos de vida nocivos (1). Dentro de estos se encuentra la incidencia creciente de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), categoría que agrupa un conjunto de patologías que además de constituir una amenaza a la calidad de vida de quienes las padecen, figuran como la principal causa de muerte en el mundo desarrollado, y aun en nuestro país donde se registra en el 2010 como la principal causa de muerte a las enfermedades cardiacas, explicadas en un 80% por enfermedades isquémicas y enfermedades hipertensivas (2). Año tras año, aumenta el número de investigaciones que revelan la multicausalidad y la relación íntima entre estos trastornos y han surgido históricamente definiciones que constituyen cuadros donde se asocian frecuentemente estas afecciones; tal es el caso del Síndrome Metabólico (3).

Esta entidad, constituida por un compendio de alteraciones orgánicas en cuya etiología Encontramos: el desarrollo de resistencia a la insulina (RI) y su asociación con la obesidad abdominal, se encuentra vinculado a un incremento significativo de la morbimortalidad cardiovascular, relacionada con hipertensión arterial sistémica (HAS), obesidad y diabetes mellitus (DM).(4-5).

De acuerdo con Fonte y colaboradores (6) el estudio de este síndrome se ha desarrollado desde la segunda mitad del siglo pasado, cuando se intensificaron las investigaciones sobre la patogenia de la ateroesclerosis, y la resistencia a la insulina descrita hace más de 60 años por Hisworth. No obstante, sería el alemán Gerald Reave quien en 1988 describiera y designara por primera vez, como Síndrome X al conjunto de patologías mencionadas en el párrafo anterior y un alto riesgo cardiovascular, postulando como agente etiológico a la resistencia a la insulina. Sobre cómo se produce, y se vincula con la obesidad, la insulinorresistencia -IR-, (incapacidad de una cantidad conocida de insulina endógena o exógena para incrementar la entrada y utilización de glucosa en los tejidos) elevando el riesgo cardiovascular, se han desarrollado múltiples investigaciones en todo el mundo (1,7) aunque a lo largo de la historia, ha primado un enfoque reduccionista a la hora de abordar el tema, cercenándose el complejo espectro de mecanismos que responde a esa interrogante. (8)

Todo lo expuesto, además de la complejidad intrínseca de este trastorno ha redundado en la existencia de una gran diversidad de criterios para precisar al síndrome metabólico y sus causas, desde la caracterización que expusiera Reaven en 1988. Por otro lado, es casi axiomático el papel del sistema nervioso, fundamentalmente en su componente autónomo, como regulador de numerosas funciones vegetativas garantizando la homeostasis en el organismo. Específicamente el subsistema simpático posee un estrecho vínculo con procesos metabólicos como la lipólisis, la regulación de la glicemia, la glucólisis, así como con mecanismos de regulación cardiovascular todo lo cual se basa morfológicamente en su inervación a estructuras como el páncreas, la médula suprarrenal, los vasos sanguíneos, etc. (9), por ello cabría preguntarse ¿puede un desbalance autonómico simpático explicar la aparición del síndrome metabólico? La búsqueda de respuestas a esta interrogante, llevó a los autores a desarrollar el presente trabajo.

Por las razones previamente expuestas, resulta evidente que la ganancia en conocimientos acerca de cómo se origina el síndrome metabólico constituye una necesidad; justificada, no solo por la alta morbimortalidad asociada a sus componentes, sino por el imperativo de tratar de manera integral esta afección dada su heterogeneidad.

 

OBJETIVO

• Describir la influencia del desequilibrio autonómico simpático en la génesis del síndrome metabólico.

 

DESARROLLO

Definición de Síndrome Metabólico.

En años más recientes, varias sociedades médicas de relevancia mundial han proyectado diversos criterios para definir el síndrome metabólico que difieren fundamentalmente en cuanto a la prioridad relativa de alguno de los rasgos que los integran sobre los demás (7,10); así, se encuentran entre las definiciones más importantes las emitidas por: La Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1999, el Tercer Panel para el Tratamiento de Adultos (ATP III) del Programa Nacional de Educación en Colesterol en Estados Unidos (NCEP), el Volumen 11 (3) Julio- Septiembre 2009128 Archivos en Medicina Familiar, la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos (AACE) y, finalmente, el Grupo Europeo para el Estudio de la Resistencia a la Insulina (EGIR). Entre ellos se marcan como elementos coincidentes que integran el SM: Obesidad, hipertrigliceridemia, disminución de colesterol de HDL, hipertensión arterial sistémica (HAS), hiperglucemia o DM, síndrome de ovarios poliquísticos, acantosis nigricans, etc.

Los criterios diagnósticos más utilizados por su funcionabilidad, facilidad operativa y menor costo son los expuestos por la OMS y el NCEP (11-14). En los anexos se presenta un cuadro resumen de los principales criterios diagnósticos para síndrome metabólico (Anexo 1)

 

Prevalencia:

Al estudiar la prevalencia de este síndrome suelen hallarse notables diferencias incluso en una misma región o país debido fundamentalmente a la falta de consenso en el criterio diagnóstico utilizado en una u otra pesquisa así como variaciones de la edad, el sexo, el origen étnico y el estilo de vida en la muestra. En poblaciones de alto riesgo, como la de familiares de personas con diabetes, la prevalencia aumenta considerablemente hasta casi el 50 %, llega a más del 80 % en personas diabéticas y al 40 % en personas con intolerancia a la glucosa. (3, 15) El síndrome afecta aproximadamente al 24 % de la población adulta de los EEUU; de acuerdo con la Tercera Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES III), cerca de 47 millones de personas tienen el Síndrome Metabólico e incluyen 44 % de los individuos de 50 años y más. (11)

La prevalencia global en todas las ciudades latinoamericanas arrojan valores aproximados: Ciudad de México 27 %, Barquisimeto 26 %, Santiago de Chile 21 %, Bogotá 20 %, Lima 18 %, Buenos Aires 17 % y Quito 14 %. (15). En nuestro país aún deben realizarse mayor número de estudios que permitan determinar la prevalencia de este síndrome nacionalmente, sin embargo algunas provincias como Santi Spiritus y Cienfuegos tienen experiencias al respecto. Así, en los resultados concernientes al síndrome metabólico de la segunda medición de CARMEN desarrollada en el área de salud IV del municipio de Cienfuegos (16) se señala una prevalencia de un 21,7 %, un valor cercano al obtenido en los estudios expuestos de diferentes ciudades de Latinoamérica, donde también se aplicaron los criterios diagnósticos del III Panel de Tratamiento del Adulto del Programa Nacional de Educación en Colesterol (ATP III-NCEP). (15) Investigaciones desarrolladas por Fonte Medina en Pinar del Río expresan que los componentes del síndrome metabólico de mayor incidencia fueron: la hipertrigliceridemia, la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus tipo II en ese orden (6)

A nivel local cabe destacar el estudio llevado a cabo por Benet y colaboradores (3) que tuvo como objeto a 109 trabajadores de la Facultad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, donde se concluye que un 18,4% de trabajadores fueron catalogados como portadores de SM. Siendo los factores de riesgo cardiovasculares que más afectaron a los sujetos muestreados: la obesidad y los bajos niveles de HDL colesterol.

 

Mecanismos patogénicos del síndrome metabólico. Su origen en el desequilibrio

autonómico.

La etiología del síndrome metabólico es objeto de debate y continuas investigaciones (17-18). En los siguientes acápites se explica cómo varios de los principales trastornos orgánicos asociados al SM se manifiestan como consecuencia del desequilibrio autonómico simpático –entendido como hiperactividad simpática en condiciones de normalidad acompañada de hipoactividad parasimpática- pues se ha podido observar que las personas con una actividad exagerada de este sistema tienen más riesgo de HTA, obesidad, hipertrigliceridemia, y resistencia a la insulina. Debe aclararse que lo aquí referido es siempre insuficiente para explicar la inmensa totalidad de trastornos que pueden incidir en la aparición de este síndrome tan complejo; sea una referencia el hecho de que su origen en la obesidad y la resistencia a la acción de la insulina es un proceso multicausal aún no precisado en su totalidad. (19) No obstante, pretendemos, exponer la alta incidencia que posee la regulación vegetativa en la aparición de este síndrome.

Para comprender los temas que se abordarán en acápites siguientes, es preciso enfatizar en algunos aspectos importantes:

1. El alto grado de secreción y síntesis metabólica que se desarrolla en el tejido adiposo, tanto en el subcutáneo (TAS) como en el visceral (TAV) permite catalogarlo como una glándula endocrina, sobre todo por la actividad hormonal y reguladora a nivel sistémico de muchas sustancias que produce tales como péptidos bioactivos. Estos no sólo influencian al adipocito en una forma autocrina y paracrina, sino que afectan varias funciones metabólicas a distancia. Pero más importante aún para la premisa de este trabajo, es la presencia, en este tejido, de numerosos receptores que le permiten responder a señales eferentes desde varios sistemas hormonales y el sistema nervioso central, dentro de ellos, receptores β-3 adrenérgicos de los adipocitos, macrófagos, fibroblastos y otras células del tejido que lo hacen susceptibles a la regulación simpática. La importancia de estos hallazgos es aún mayor si tenemos en cuenta que el tejido adiposo constituye, en cantidad, el mayor órgano de la economía corporal, recibe una rica vascularización que asegura la circulación sistémica de los péptidos que produce y, sobre todo, tiene un potencial de crecimiento casi ilimitado a cualquier edad.(20-21)

2. Otro aspecto a considerar es la influencia del sistema nervioso autónomo en la regulación de la presión arterial, un fenómeno ampliamente estudiado que será expuesto en el acápite correspondiente al origen autonómico de la HTA en el síndrome metabólico. A continuación se ofrece un diagrama (figura 1) construido por los autores que resume los mecanismos fundamentales por los cuales en desequilibrio del sistema nervioso autónomo incide en la patogenia del SM, los procesos representados serán explicados seguidamente:

(Fig. 1)

 

 

 

Insulinorresitencia e hiperinsulinemia en el SM. Su relación con el desbalance

autonómico:

El origen de la resistencia a la insulina suscita controversias actuales. Recientes investigaciones vinculan a la insulinorresistencia con un aumento de la actividad simpática (22) seguidamente explicaremos las bases fisiológicas que lo evidencian. Se ha comprobado que las células del tejido adiposo visceral, y del tejido adiposo subcutáneo, en pacientes obesos, pueden presentar transformaciones morfofuncionales a partir de la hipertrofia que experimentan, entre estas se encentra el descenso del número de receptores de insulina y una mayor densidad de receptores beta-3 adrenérgicos, lo que dota al tejido adiposo hipertrofiado de mayor resistencia local a la insulina y mayor susceptibilidad simpática. Factores que traen consigo transformaciones metabólicas que suelen llevar a la lipotoxicidad a partir de la liberación de ácidos grasos libres (AGL) no esterificados; un factor que potencia aún más la resistencia sistémica a la insulina. (20)

Se plantea que tanto el TNF-α (factor de necrosis tumoral, uno de los péptidos secretados por el tejido adiposo) como las IL (interleucinas), especialmente la IL-6 producida por los macrófagos, fibroblastos, células endoteliales y adipocitos bajo estimulación simpática, son adipoquinas (péptidos secretados por el tejido adiposo) que actúan como los principales mediadores del aumento de proteínas inflamatorias. Su concentración elevada se asocia con resistencia insulínica y disfunción endotelial y predice diabetes mellitus tipo 2 e infarto de miocardio. Aunque la administración de IL-6 inhibe la respuesta de insulina a la estimulación por glucosa, el efecto diabetógeno proviene sobre todo de su efecto inhibidor de la señalización intracelular del receptor de insulina en hepatocitos. También promueve el aumento de AGL (ácidos grasos libres) y la reducción de adiponectina, circunstancias ambas que favorecen la IR. (20) Tanto la disminución de adiponectina, como el aumento de AGL y la interferencia con la señalización intracelular de insulina, a través de la reducción de la actividad de la tirosincinasa, son mecanismos potenciales del efecto en la IR del TNF-α. De hecho, la concentración de TNF- α también se relaciona con la presión arterial (como se expone más adelante) y la IR en humanos, por lo que constituye un elemento humoral clave en la fisiopatología del síndrome metabólico. (20) Aquí es valioso recalcar la sensibilidad a la acción adrenérgica de las células secretoras de IL y TNF-α, que como es expresado anteriormente, se encuentra aumentada tras la hipertrofia celular, lo que permite entender como una hiperactividad simpática con la consiguiente elevación de las concentraciones de catecolaminas puede desencadenar insulinorresistencia y dislipidemia.[23-24]

Con respecto a la hiperinsulinemia se plantea que esta suele ser secundaria a la RI, y responde a un mecanismo compensatorio de retroalimentación negativa que se exacerba ante la no reducción de la glicemia al aumentar la concentración plasmática de insulina, resultando en daños a las células beta de los islotes pancreáticos (25) Precisamente la inervación simpática del páncreas, que presenta receptores β-adrenérgicos, en casos de hiperactividad, favorece la aparición, de hiperinsulinemia. Se ha demostrado que concentraciones elevadas de insulina induce trastornos aterogénicos, hipertensivos e incluso de refuerzo a la actividad parasimpática. (26)

 

Obesidad, su papel sensibilizador a la estimulación simpática:

Cada vez es más reconocido que la forma de mayor prevalencia de esta constelación de anormalidades metabólicas asociadas a la insulinorresistencia se encuentra en pacientes con obesidad abdominal, especialmente con exceso de tejido adiposo infra-abdominal o visceral pues, según se ha demostrado (27), la disfunción endotelial se correlaciona más estrechamente con la circunferencia abdominal y menos con el índice de masa corporal. Se ha demostrado que el exceso de tejido adiposo libera varios productos como los ácidos grasos libres no esterificados, citoquinas, inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1 (PAI- 1), adiponectina y muy especialmente los factores de necrosis tumorales y las interleucinas referidas anteriormente cuya acción ya fue explicada en cuanto al desarrollo de insulinorresistencia. (6)

La liberación de estos productos se haya favorecida muy probablemente, porque la hipertrofia de los adipocitos, que ocurre en la obesidad se haya asociada, según se expuso con anterioridad al aumento de receptores β-3 adrenérgicos en sus membranas, haciéndolos mucho más susceptibles a la acción simpática, promotora de los mecanismos secretores. La obesidad, constituye, como se ha demostrado, el principal factor (conjuntamente con la insulinorresistencia) desencadenante de los daños cardiovasculares que suelen dar al traste con la vida de quienes padecen SM; es por ello, que constituye uno de los rasgos a tratar con mayor énfasis en individuos que lo padecen. Las causas de la obesidad son múltiples, e incluyen factores tales como la herencia genética; el comportamiento del sistema nervioso, endocrino y metabólico; y el tipo o estilo de vida. Con respecto al vínculo del SNS con la obesidad, puede señalarse que estudios desarrollados por varios investigadores (28) demuestran relaciones entre el índice de masa corporal y la hiperreactividad cardiovascular asociada a la hiperactividad del SNS, no obstante, no se conoce como a esta última elemento causal de la obesidad, sino como consecuencia de la misma.

 

Dislipidemia:

La dislipidemia de los estados de resistencia a la insulina, con hiperinsulinemia, se caracteriza por aumento de los triglicéridos (TG), con disminución de la concentración de colesterol en las lipoproteínas de alta densidad (HDL). Esta dislipidemia también incluye la aparición de partículas del LDL pequeñas y densas, altamente aterogénicas, con aumento de la lipemia pospandrial (Lpp), factores que incrementan el riesgo de cardiopatía coronaria. Los adipocitos hipertróficos del compartimento visceral son resistentes al efecto antilipolítico de la insulina, lo que favorece el aumento de la salida de AGL vía portal y origina en el hepatocito un aumento de secreción de lipoproteínas ricas en triglicéridos y reducción de la degradación de apoproteína B y de la extracción hepática de insulina. La transferencia de triglicéridos a partículas de lipoproteínas de baja densidad (LDL) y lipoproteínas de alta densidad (HDL) y su ulterior lipólisis por la lipasa hepática da lugar a partículas HDL y LDL pequeñas, y a disminución de la concentración de HDL, junto al aumento de los VLDL, configurando la dislipemia aterogénica que acompaña al síndrome metabólico a partir de la remoción por vías no convencionales, como es la de los receptores Scavengers de los macrófagos, que favorece la formación de células espumosas y el depósito de lípidos extracelulares cuando estas células se rompen, lo cual favorece también la acumulación de células colágenas, la invasión de células que participan en el proceso inflamatorio en la íntima de la pared arterial, así como daño endotelial que facilita el proceso aterotrombótico y la perpetuidad de este, con la producción de nuevos factores de crecimiento provenientes de la adhesión y la liberación plaquetaria, interleuquinas, etc. (20, 29) En resumen la entrega de ácidos grasos no esterificados al hígado es responsable del aumento de los triglicéridos en VLDL y además, según algunos autores, hay además una disminución de la actividad de la lipasa lipoproteica, conformándose un cuadro que provoca hipertrigliceridemia. Cuando el músculo de un paciente con resistencia a la insulina se satura con lípidos plasmáticos provenientes de los ácidos grasos no esterificados, parte de estos son desviados hacia el hígado, promoviendo el hígado graso y dislipidemia aterogénica (6, 30) Nótese que la dislipidemia es una consecuencia directa de la resistencia a la insulina y el hiperinsulinismo, así como de la liberación de AGL, factores que aparecen tras una hiperactividad simpática, como fue previamente explicado. Los factores dislipidémicos, desempeñan un importante rol al promover además la Hipertensión asociada al SM, un tema que será abordado a continuación por sus fuertes vínculos con la regulación simpática.

 

Hiperreactividad cardiovascular y HTA en el síndrome metabólico asociados a la

acción simpática.

Varios estudios (30-32) dentro de ellos uno realizado en trabajadores de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos, demuestran que le síndrome metabólico concomita con hiperreactividad cardiovascular como incremento de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca secundaria a la actividad física o mental. Por otro lado, existen estudios que evidencian que la hiperreactividad cardiovascular (HRC), depende en gran medida de una respuesta del SNS y se asocia significativamente con muchos factores de riesgo de las ECNT. En ello juega un papel trascendental la inervación simpática del corazón, y los vasos sanguíneos responsable del aumento de la frecuencia y la vasoconstricción en procesos fisiológicos. La hipertensión arterial presente en la casi totalidad de los casos de SM (6), también se vincula a la hiperreactividad cardiovascular, sin embargo, su génesis va más allá de la acción vasoconstrictora patológica y aumento de la frecuencia cardiaca causada por la inervación directa del simpático en desequilibrio; pues la regulación de la tensión arterial, es un complejo proceso que integra y recluta el concurso de varios sistemas orgánicos (9) no obstante, se puede demostrar en muchos de los mecanismos que desencadenan la hipertensión, la incidencia indirecta de un desequilibrio autonómico. Efectos hipertensivos de las adipoquinas y la dislipidemia aterogénica. Respuesta al flujo (shear stress), como potenciador de los efectos hipertensivos. Muy vinculado al surgimiento del hiperinsulinismo, ya tratado, se conoce que el TNF-α secretado por el tejido adiposo y susceptible a la estimulación simpática, también da lugar a cambios proinflamatorios en células endoteliales y de músculo liso vascular y estimula la producción de moléculas de acción vasoconstrictora como endotelina-1 y angiotensinógeno. A ello, debe sumarse un efecto paracrino, de este péptido que ocasiona un descenso en la producción de óxido nítrico provocando vasoconstricción arteriolar mantenida (20) Además se han asociado al síndrome hipertensivo otros trastornos funcionales del endotelio de arterias, venas y capilares, que potencian el riesgo cardiovascular, si bien no se plantean estos, como causa directa de la hipertensión. Un interesante mecanismo estudiado que asocia variaciones de flujo sanguíneo y PA con la disfunción endotelial es el llamado “efecto de respuesta al flujo” o de cizallamiento (efecto shear stress); este proceso, plantea la modulación de la secreción de determinadas sustancias por el endotelio con actividad vasoconstrictora, fibrinolítica, trombótica, adherente, entre otras, como respuesta a variaciones del flujo y la PA, de tal forma que, en ciertas condiciones, pueden verse favorecidas alteraciones hipertensivas. (23) Estas evidencias histológicas correlaciona la hiperactividad secretora de adipoquinas con la HTA.

 

Actividad hipertensiva de la estimulación simpática al páncreas (25)

La secreción de insulina por el páncreas inducida por la estimulación simpática a los receptores β-adrenérgicos (ya tratada anteriormente), favorece el transporte de sodio y calcio en el músculo liso vascular, fibrosis, hipertrofia del músculo liso, aumento de endotelinas circulantes, aumento de la reabsorción de sodio en la nefrona, incremento de la entrada de sodio y calcio en el músculo liso vascular, por lo que se incrementa la resistencia periférica de manera considerable y el volumen sanguíneo, ambos elementos importantes para el desarrollo de HTA. La insulina, además, aumenta la sensibilidad a las catecolaminas y la angiotensina II. Es precisamente esta inervación simpática del páncreas la que sustenta el uso de propranolol, un medicamento simpaticolítico, en pruebas para determinar la resistencia a la insulina con supresión pancreática. (23, 26)

 

Efectos renales sobre-estimulación simpática en el desarrollo de HTA (29)

La hiperactividad simpática a través de la inervación autonómica renal o de los niveles elevados de catecolaminas, puede inducir la liberación de renina desde el aparato yuxtaglomerular mediado por el estímulo de receptores beta, produciendo una activación del SRA (Sistema renina-angiotensina-aldosterona) endocrino. Este sistema promueve, como efectos fundamentales, vasoconstricción y la retención renal de sal y agua como acciones finales de la angiotensina II, lo que provoca la elevación de la PA. Además, entre los efectos de la angiotensina II se encuentra la capacidad de activar el SNS al menos a tres niveles: liberación de catecolaminas de la glándula adrenal, liberación de norepinefrina de los terminales nerviosos autonómicos periféricos y activación central del sistema simpático.  Estas dos situaciones, o sea, tanto el desbalance autonómico como el incremento de la actividad del sistema de la angiontensina II, guardan también relación con el aumento de los niveles de la insulina, y todos, con los cambios de la función renal, la alteración de la función endotelial, las alteraciones del metabolismo de los glúcidos y lípidos. Algunos elementos de estas relaciones se han explicado previamente en este trabajo ver “Efectos hipertensivos de las adipoquinas…”

 

Influencias de los componentes del SM en la actividad autónoma del sistema nervioso. Un peligroso círculo vicioso.

En acápites anteriores se ha mencionado que existen mecanismos patogénicos del síndrome metabólico promovidos por la actividad simpática que tienen acción activadora o facilitadora del propio sistema simpático que los desencadena [23,32]. Por ello, los autores de esta revisión sostienen que dichos procesos, tienen el potencial de constituir vías de retroalimentación positiva capaces de agravar los desequilibrios endocrino-metabólicos y cardiovasculares en pacientes con este síndrome. Estos son:

-La actividad sensibilizadora sistémica a las catecolaminas producida por la hiperinsulinemia.

-La marcada activación simpática que ejerce la angiotensina II

Además, debe señalarse la acción sensibilizadora del tejido adiposo provocada por la obesidad; este factor, pudiera constituir el nexo que demuestra por qué individuos obesos son más susceptibles a disfuncionalidades metabólicas. Además de las expuestas hasta aquí, también se presentan con frecuencia en el síndrome metabólico otras alteraciones como son: la esteatosis hepática no alcohólica, el síndrome de ovarios poliquísticos, acantosis nigricans, etc. Sin, embargo, su abordaje trasciende los objetivos de este trabajo.

 

CONCLUSIONES

El desequilibrio simpático induce la aparición y/o potenciación de las alteraciones más importantes que conforman este síndrome mediante:

- Su acción sobre el tejido adiposo, que induce la liberación de TNF-α, IL-6 y AGL; promoviendo la Insulinorresistencia, hiperinsulinemia, dislipidemia, disfunción endotelial y otros trastornos asociados a la acción de las cantidades ingentes de adipoquinas y ácidos grasos secretados.

- El aumento de la secreción pancreática de insulina favoreciendo a la hiperinsulinemia y los trastornos inducidos por esta.

- La hiperactividad del sistema renina-angiotensina-aldosterona (inducida a través de receptores β1 del riñón) que posee efecto vasoconstrictor, de retención de agua y sal, activador del simpático, entre otros que favorecen el aumentando de la PA.

- Aumenta la frecuencia cardiaca y vasoconstricción sistémica, mecanismos implicados en la hiperreactividad cardiovascular y el aumento de la PA.

 

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